sábado, 10 de enero de 2026

543.- Más apañao que ...

 ...que un jarrillo lata.

Del adjetivo 'apañado' dice el diccionario de María Moliner: "Cuidadoso y hábil para hacer las cosas". Nosotros lo condensamos y decimos que alguien es apañao o apañá.

Del nombre 'jarrillo', que como tal no aparece en el diccionario y aunque parezca diminutivo de 'jarra¡ o de 'jarro', no es ni una jarra pequeña ni un jarro pequeño; es otra cosa. Me explico.

Antes de la invasión del menaje barato chinesco o ikeano que inunda nuestras casas, en las viviendas de vuestros abuelos había algunos platos de graná, un jarro de porcelana en el que bebíamos todos el agua del cántaro y poco más. En muchas casas, a la hora de comer se ponía una fuente en el centro de la mesa y todos, por turnos, iban cogiendo la ración de olla, potaje, migas o lo que ese día hubiera guisado la abnegada mamá a fuego lento de la leña que ardía en el humero de la casa.

En aquellos tiempos no tan remotos, un vaso de cristal era un lujo y si se rompía, una ruina. Las mujeres guardaban como oro en paño algunas tazas de fina porcelana con sus platillos compañeros para ocasiones y visitas muy señaladas. Estas joyas, algunos platos decorados, un vaso de de cristal azul y una jarra compañera se guardaban en el hueco que hacían los gruesos muros de las casas, con estantes que decoraban finos encajes bordados. Este sitio cerrado con puertas acristaladas era el chinero, llamado así porque de siempre la loza fina y más apreciada era la que venía de China.

Otro recinto indispensable en las casas antiguas era la alacena (hermosa palabra que nos dejaron los árabes) que estaba situada bajo el hueco de la escalera, pues era el lugar más fresco de la casa y en ella se guardaban las viandas hasta que llegaron las neveras.

En la variada toponimia doméstica de las casas antiguas, había un vasar para los vasos, una cornisa sobre la chimenea doce se colocaban tazas y otros enseres en los que servir café o chocolate, y la vitrina, que como su nombre indica era donde en algunas casas se guardaban los utensilios de vidrio o cristal.

Volvamos a nuestro apañao jarrillo de lata. Fue un invento nacido del ingenio y de la penuria de la gente. En un tiempo en el que, gracias a Dios, todavía no se había inventado el plástico, el jarrillo de lata era un recipiente barato, irrompible y práctico. Para confeccionarlo se partía del envase de una lata de leche condensada La Lechera, artículo español y de consumo frecuente en las casas de entonces. Una vez consumida la leche condensada en azúcar, de la que se extraía el dulce y blanco manjar haciendo dos boquetes en la tapa de arriba (por uno se chupaba y por otro entrabe el aire), se esperaba a que apareciera por el pueblo el latero. El latero era un hombre que con escasos artilugios primitivos restañaba ollas, arreglaba sartenes, pegaba con lañas de metal las partes de un lebrillo o un cántaro rotos,,, y hacía jarrillos de lata. Para ello quitaba la tapa de arriba del recipiente metálico de leche condensada La Lechera, con el martillo restañaba los bordes para que no tuviera salientes peligrosos, hacía del círculo metálico un rectángulo alargado que curvaba con elegancia y luego lo soldaba a la lata con estaño derretido en una cubeta en la que guardaba unas ascuas de carbón. Y voilá, ya tenemos un jarrillo de lata.

No he conseguido encontrar ninguno jarrillo de lata. Para compensar tan inestimable pérdida, aquí os muestro algunas fotografías comentadas.

Moderna lata de leche condensada La Lechera.

Un jarrillo que se parece a los de lata pero que no lo es.

Jarrillo de porcelana moderno y chino.

Chinero 

Juegos de café, platos decorados, bandejas y jarra de cristal.


Este lo compramos en Ceuta.


Mantel que Eloísa hizo con hilos que su madre tenía en la tienda.


Pareja de antiguos vasos de cristal azul.

Alacena entre la chimenea con cortinilla y el televisor.
La silla azul te invita a sentarte.


Esta fotografía la tomé en Comares. Comimos en el restaurante El Molino de Los Abuelos, un precioso espacio situado en un antiguo molino de aceite. A la salida de la almazara se encuentran las dependencias de la casa conservadas con bastante fidelidad. El humero se ha reconvertido en receptáculo de una máquina de coser Singer, la cornisa de la chimenea exhibe los juegos de platos y tazas, y en la cornisa superior se han colocado los viejos recipientes de cobre de Lucena con asas de hierro pintadas en negro.

Eloísa a la derecha y su prima Isabelita a la izquierda curiosean sin disimulo en sendas alacenas.