miércoles, 29 de julio de 2026

565. Cuesta de la Escuela y Pecho del Grupo

Aunque en el Instituto yo era profesor de Lengua y Literatura, un día se me ocurrió hacerles a mis alumnos una pregunta que tenía que ver más con Geografía que con mi asignatura; era para comprobar su capacidad lógica. Esta es la pregunta: en la Tierra, ¿hay más cuestas arriba o más cuestas abajo?

Hubo algunos que erraron la respuesta, pero varios acertaron. En la Tierra y en cualquier parte, toda pendiente tiene a la vez un hacia arriba y un hacia abajo; por lo tanto y por lógica, hay tantas subidas como bajadas, lo que pasa es que las pendientes, sobre todo las pronunciadas, las vemos más desde abajo que desde arriba; para verlas desde arriba hay que subir, y eso cuesta.

Y todo esto viene a cuento porque en el pueblo tenemos dos calles que suben (y que bajan) a un lado y a otro del colegio: una es la Cuesta del Grupo Escolar y la otra es el Pecho del Grupo. Los nombres pecho y cuesta son sinónimos; vienen a significar lo mismo y en la toponimia saucedeña son términos frecuentes: El pecho la Mata, La Cuesta del Peo...

Y siendo estas dos calles pendientes ¿por qué una es pecho y la otra es cuesta? Por variar. Lo que sí hay que explicar es lo de escuela y grupo, que parecen iguales pero no son lo mismo,

Cuando yo era chico, los niños y las niñas íbamos al Grupo, que se llamaba grupo porque era una novedad. Antes de que se construyera este magnífico centro escolar, los niños asistían a clase en edificios distintos: en uno estaba la escuela de las niñas, con maestras, y en el otro la escuela de los niños, con maestros. Los hijos de los riquillos del pueblo no iban a la escuela, iban al colegio, instituciones de enseñanza caras que estaban en Málaga o en Granada.

El Grupo Escolar permitió que niños y niñas asistieran a recibir la lección en un mismo edificio, en una escuela mixta: eso sí, las niñas en la planta alta; los niños en la planta baja. A la hora del recreo, alumnos y alumnas compartíamos el espacio pero sin mezclarse. Había un lema tajante: los niños con los niños y las niñas con las niñas.

Aquí os muestra la fotografía que Pepe Nateras hizo en los años 40 del pasado siglo en la que se ve el Grupo Escolar; a la derecha queda el Pecho del Grupo con viviendas a un lado. A la izquierda, la pared del patio de Gazpirre sin viviendas. Aún no se había construido el muro de piedra del jardín.


Procesión de san Isidro subiendo el Pecho

La Cuesta del Grupo Escolar vista desde la carretera.

La misma calle desde arriba.
Esta vía se llamó antes calle de García del Olmo, que fue gobernador civil de Málaga.















Ahora que el Ayuntamiento está remozando la calle Pecho del Grupo sería una buena ocasión para cambiarle el nombre y llamarla la Calle del Muro, que en inglés suena murre chulo: Wall Street.

martes, 28 de julio de 2026

564. El tesoro escondido

Uno de los oficios preferidos por los jubilados es el de ir por ahí viendo cómo otros trabajan. Por eso, donde haya una obra, habrá un jubilado. Vigilantes, preguntones y opinadores, intentamos conversar con los albañiles para que los trabajos no se les hagan tan pesados. Yo, cuando veo una casa vieja en obras, no puedo resistir la tentación de entrar a goler, como coloquialmente decimos.

En uno de los frecuentes paseos que doy por el pueblo con mi cámara de fotos a cuestas, entré en una casa en obras y el albañil, conocedor de mi debilidad por los artilugios antiguos, me mostró lo que habían encontrado al picar una pared vieja para reformarla. Bajo muchas capas de cal de distintos colores de anuales blanqueos, dentro de un hueco hecho adrede y primorosamente tapado con una piedra, había un variopinto conjunto de objetos de escaso valor pero que el dueño de la casa había escondido allí hace mucho tiempo para que alguien lo encontrara. Tras el hallazgo, el actual dueño decidió que el tesoro encontrado permaneciera durante más siglos en el mismo sitio en el que lo habían hallado.


Chimenea

Picando la pared

El escondite

El albañil

Piedra que lo tapaba

El tesoro.

Vieja pistola de las que se cargaban por la boca.

Un yunque






viernes, 24 de julio de 2026

563. No hay más cera que la que arde


La expresión castellana 'no hay más cera que la que arde', figuradamente (es decir, que no se puede tomar al pie de la letra) significa que se acabó lo que se daba, que de lo que había ya no hay más.

De esta expresión fijémonos en el nombre cera y en el verbo arde. La cera es esa substancia sólida que segregan las abejas para formar las celdillas de los panales, y arde viene de que la humanidad ha usado la cera como combustible para alumbrarse.

Otra expresión en la que aparecen velas es la de 'estar a dos velas', tieso, sin dinero. El gesto de los dos dedos deslizándose a un lado y otro de la nariz indican claramente que se no se trata de cera sino de las dos velas mocosas que cuelgan de la nariz, y ahí las abejas no pintan nada.

¿Pero de dónde viene el nombre vela? Tiene su historia. Antes de que se inventasen los tanatorios, cuando alguien se moría la gente iba a la casa del difunto para acompañar a los dolientes y allí velar  al muerto toda la noche hasta la hora del entierro. Aquello era (y es) la vela, y el lugar al que acuden, el velatorio, palabras ambas que provienen del latín vigilare, que significa vigilar, estar atento, mantenerse despierto, en vigilia. Y como las velas de los muertos se hacían de noche y había que acudir a la vela con una luz, esa luz con la que se iba a la vela acabó llamándose vela. Todavía, si alguien se mete en un asunto que no le concierne, se le recrimina con un dicho tajante: ¿y a ti quién te ha dado vela en este entierro?

Quien haya tenido una vela en su mano habrá visto que este cilindro blanco tiene en su centro una cuerda, que es lo que lo que arde; eso es el pabilo, un cordón de hilo o de algodón que, encendido, da luz. De ahí proviene el verbo despabilar, avivar el fuego de la vela y, también, hacer que alguien salga del sueño o deje de estar distraído.

Cera e iglesia, no hay una sin la otra. Desde que se inventaron las religiones se usa la luz como fuego votivo que se ofrece a la divinidad para conseguir algún bien o aplacar su ira, porque los dioses de todas las religiones son bipolares: o benévolos o cabreados.

Además de la función religiosa de iluminar en las iglesias y en los entierros, la cera es uno de los productos que la humanidad ha utilizado para alumbrar sus habitáculos desde que aprendió a controlar el fuego. Hasta la llegada de la electricidad, en las viviendas se usaron otros productos (aceite, petróleo, gas) que se quemaban en diversos utensilios (candil, quinqué, petromax) para iluminar casas y calles.




Ahora las velas solo se usan por motivos religiosos: en las iglesia para iluminar los altares y en las procesiones para acompañar las imágenes. Tradicionalmente son las mujeres las portadoras de estas luminarias. Antiguamente. el portar luces tenía sentido práctico, porque las calles por donde pasaban las procesiones estaban a oscuras o mal iluminadas. Ahora, el llevar velas por el itinerario procesional (la calle de la estación, decimos en el pueblo) obedece a la devoción de las personas y para cumplir promesas. En el diccionario de la RAE el verbo alumbrar, entre otras acepciones, tiene la de 'asistir con luz a algún acto religioso'.

Velas en la iglesia.

Cirio Pascual

Tres candelabros con sus tres velas

Velas eléctricas que se encienden un rato previo pago

Ciriales y cruz procesional

El crucificado entre dos luces

Estas lámparas sobrevivieron a la destrucción en tiempos de la Guerra Civil.
Ahora llevan una bombilla; antes contenían lamparillas de aceite.

Velas en las procesiones.



Una última consideración muy actual. ¿Por qué a las velas encendidas en las procesiones no se les pone una protección para que las gotas de la cera derretida no caigan al suelo y vayan dejando un reguero de manchas indelebles?





jueves, 16 de julio de 2026

562. Calle del Rincón


En un plano del casco urbano de Villanueva del Rosario del año 1893 aparece una calle cuyo nombre ha desaparecido del callejero actual: es la Calle del Rincón
. Se trata del callejón que baja desde calle Linde hasta calle Adoquines, que antes se llamaba calle Granada. Este tramo urbano es un pasaje con escaleras y empedrado, aledaño al Mercado Municipal y en el que no hay ninguna puerta de vivienda salvo la entrada lateral a la casa de Polonio el Correo.

El rincón que da nombre a la calle es un patio común que estuvo siempre abierto y en el que hubo viviendas que habitaban varias familias. En los años sesenta del pasado siglo, el alcalde Rafael Navas (Rafalito Julián) mandó construir en la entrada un arco artesonado y, posteriormente, los vecinos cancelaron el recinto con una puerta metálica que siempre está cerrada. Y es que, como era un rincón deshabitado, apartado y oscuro, podía entrar cualquiera. Se había convertido en un lugar propicio para acometer algunas necesidades biológicas que atentaban contra la honestidad y la higiene pública.

Allí hubo viviendas numeradas y habitadas hasta finales de los años cincuenta. Polonio Ramos, que es uno de los colindantes y propietarios de este 'corral' me ha dado los nombres de algunas familias (al menos cuatro) que él recuerda que lo habitaron. Perdonad la proliferación de apodos pero es que así era como se conocía la gente; de apellidos, nada.

El abuelo de los Reguero, al que apodaban 'Mascarilla'.
La 'Carrasca', madre de la mujer de 'Jaro Plaos'.
Manolillo el Calé y su mujer, la 'Perica', junto con sus hijos.
La familia de Peña el Rico y, más adelante, la familia 'Mareos'.

Callejero del pueblo hecho el año 1983


Detalle del plano donde se ve más claramente Calle del Rincón, entre Calle de la Linde y Calle de Granada (Adoquines). No está señalado el entrante o rincón..





 
Foto de la entrada aún diáfana
La foto es oscura porque la he sacado de una diapositiva.

Diversas fotografías del pasaje y de la entrada.







Como la puerta estaba cerrada hice estas fotografías del interior del rincón metiendo la cámara por un claro que hay bajo la puerta. Polonio me ha prometido abrirme el recinto para hacer fotos en condiciones.

Sobre la puerta que hay al fondo, a la izquierda, aún está el rótulo con el número 2.