jueves, 16 de julio de 2026

462. Calle del Rincón


En un plano del casco urbano de Villanueva del Rosario del año 1893 aparece una calle cuyo nombre ha desaparecido del callejero actual: es la Calle del Rincón
. Se trata del callejón que baja desde calle Linde hasta calle Adoquines, que antes se llamaba calle Granada. Este tramo urbano es un pasaje con escaleras y empedrado, aledaño al Mercado Municipal y en el que no hay ninguna puerta de vivienda salvo la entrada lateral a la casa de Polonio el Correo.

El rincón que da nombre a la calle es un patio común que estuvo siempre abierto y en el que hubo viviendas que habitaban varias familias. En los años sesenta del pasado siglo, el alcalde Rafael Navas (Rafalito Julián) mandó construir en la entrada un arco artesonado y, posteriormente, los vecinos cancelaron el recinto con una puerta metálica que siempre está cerrada. Y es que, como era un rincón deshabitado, apartado y oscuro, podía entrar cualquiera. Se había convertido en un lugar propicio para acometer algunas necesidades biológicas que atentaban contra la honestidad y la higiene pública.

Allí hubo viviendas numeradas y habitadas hasta finales de los años cincuenta. Polonio Ramos, que es uno de los colindantes y propietarios de este 'corral' me ha dado los nombres de algunas familias (al menos cuatro) que él recuerda que lo habitaron. Perdonad la proliferación de apodos pero es que así era como se conocía la gente; de apellidos, nada.

El abuelo de los Reguero, al que apodaban 'Mascarilla'.
La 'Carrasca', madre de la mujer de 'Jaro Plaos'.
Manolillo el Calé y su mujer, la 'Perica', junto con sus hijos.
La familia de Peña el Rico y, más adelante, la familia 'Mareos'.

Callejero del pueblo hecho el año 1983


Detalle del plano donde se ve más claramente Calle del Rincón, entre Calle de la Linde y Calle de Granada (Adoquines). No está señalado el entrante o rincón..





 
Foto de la entrada aún diáfana
La foto es oscura porque la he sacado de una diapositiva.

Diversas fotografías del pasaje y de la entrada.







Como la puerta estaba cerrada hice estas fotografías del interior del rincón metiendo la cámara por un claro que hay bajo la puerta. Polonio me ha prometido abrirme el recinto para hacer fotos en condiciones.

Sobre la puerta que hay al fondo, a la izquierda, aún está el rótulo con el número 2.










sábado, 11 de julio de 2026

497. Toponimia doméstica(1)

De la misma manera que Villanueva del Rosario mantiene el antiguo y primitivo nombre del Sauce(d)o, hay lugares, calles y parajes de nuestra geografía urbana que tienen un sobrenombre antiguo o puesto recientemente. Como lo normal que es que las cosas de antes (también estos nombres) tiendan a caer en olvido, aquí doy algunas explicaciones del origen de estos denominaciones tan nuestras.

1. Pecho de los civiles.
Coincide con el trazado de calle Carneros, la que baja desde plaza España, tuerce a la izquierda y llega hasta calle Arroyo. Como durante varias décadas el cuartel y viviendas de la Guardia Civil estuvieron en lo que era la Casa Grande, y que ahora ocupa el nuevo edificio del ayuntamiento, la gente llamó a esta calle en pendiente con el calificativo coloquial de Pecho de los civiles. El nombre 'pecho' tiene el valor de 'pendiente' y no aludía para nada al 'tórax' de los agentes de la Benemérita. Por cierto, la figura del guardia civil con tricornio, casaca verde y correajes negros, aunque temida y respetada, era familiar en la calle, en los bares y en todos los actos públicos, inauguraciones, procesiones y festejos. Ahora, ni se ven ni están.





2. Los cuatro cantillos.
Así se llamaba al asimétrico cruce que se produce entre las calles Carrera, la que baja desde la plaza de la iglesia y  calle Rocío. Según el diccionario de la RAE 'cantillo' es la esquina de un edificio, y en todo cruce hay cuatro esquinas, aunque en nuestro cantillo las calles no se crucen en perpendicular. En estos lugares de cruce suele haber negocios porque es paso obligado para mucha gente, y en nuestro Cuatro Cantillos hubo tiendas de ropa y de comestible, carnicería, bares, peluquería... y hasta una oficina de la Caja Rural.
Se ve que en una de esas esquinas de Dios sabe qué localidad, tenía su taller un sastre buenazo y simple, cuya generosa manera de gestionar la sastrería dio lugar a un refrán que se aplica a quien regenta un negocio ruinoso: El sastre del cantillo, que cosía de balde y ponía el hilo. Luego, alguien dijo que la sastrería estaba en Campillos. Es mentira, estaba en una esquina, en un cantillo: solo es cuestión de rima entre 'cantillo' y 'Campillos'.











Curiosa imagen: la cuadratura del círculo.

3. La calle de las cadenas.
La actual Calle Inés Molina se llamaba antiguamente calle Buenavista. Es una calle larga, bastante llana, en la que vivían familias de medio pelo: ni tan de postín como las de calle Granada, actual calle Adoquines, ni tan de gente más pobre como eran los que vivían en el Arroyo. Con motivo de las festividades de La Pascua, Semana Santa, san Juan o el día de la Virgen, se organizaban reuniones en alguna casa particular para que la juventud pudiera bailar, beber alguna copa de aguardiente y así conocerse para iniciar una noviería. Estas reuniones de baile y cante, sin orquesta ni música, danzando al ritmo de antiguas canciones, las llamaban 'juegos'.

El caso es que que cuando organizaban una fiesta los mocitos y las mocitas de las calles del centro (Plaza de la Constitución Calle Granada, calle Carrera...) no dejaban entrar a los jóvenes de otras calles. Como revancha, los de la calle Inés Molina organizaron sus propios juegos festivos y pusieron vigilantes por las bocacalles para que los de arriba no pudieran participar en sus juegos. Y los que tenían gana de fiesta y no podían asistir dijeron: "Nos han puesto ca(d)enas", y de ahí viene el nombre de la calle de las Cadenas.













Final de calle Inés Molina: Pecho del Grupo en obras.



Pasaje de Los Arcos





martes, 7 de julio de 2026

561. ¡Me tienes frita y achicharrá!

 El habla coloquial es el nivel de la lengua que empleamos para conversar en familia, en el trato con las personas en la calle y en cualquier circunstancia que no exija un lenguaje más cuidado. La lengua del coloquio es directa, vehemente, muy expresiva, enfática y, como los interlocutores están cara a cara, siempre va acompañada de gestos redundantes que apoyan lo que los hablantes quieren decir. Pero el paso del tiempo, el abandono de la calle como lugar de encuentro y la adopción de hábitos sociales que no favorecen la comunicación directa entre personas, han ocasionado que el rico repertorio de frases y expresiones que salpicaban el habla coloquial vaya desapareciendo. Aunque el habla coloquial se haya empobrecido hay expresiones que siguen vivas.

Hoy os comento dos giros idiomáticos muy nuestros y que, a mi parecer, siguen vivitos y coleando.

¿Quién no ha oído decir la expresión "¡Me tienes frita y achicharrá!" emitida cuando la mujer está harta de algún comportamiento inadecuado del hijo o del marido o de quien sea? Normalmente esta queja desgarrada va precedida de un preámbulo que dice siempre así: "Es que..." La que emite este desgarrado grito de alarma es siempre una mujer porque los adjetivos van en femenino. La desesperada situación de esta mujer es doblemente dolorosa pues emplea dos adjetivos que muestran a las claras que alguien le está friendo la sangre en demasía: además de frita, achicharrá.

Otro giro idiomático muy nuestro, también en boca de una mujer, es este que se dice con la entonación cantarina del habla saucedeña. "¡Ay, chiquilla! Mirá, mujé". Se usa para expresar extrañeza, consternación ante una noticia inesperada. Equivaldría al académico ¡No me digas! En el diminutivo chiquilla la i se alarga hasta un chiquiiiiilla prolongado a conciencia. La segunda parte del giro, Mirá, mujé se precipita hasta llegar al gesto tan femenino de pisarse el labio, al tiempo que la mano derecha acoge como en un nido la barbilla.

Habla y gesto. Comunicación en vivo. Es lo más cierto: hablando se entiende la gente.

lunes, 6 de julio de 2026

560. Algo es algo

 Ya que el Museo Arqueológico no va ni para largo, el ayuntamiento ha colocado una vitrina y media en el Hogar del Jubilado donde he guardado algunas piezas de lo que (aolaíta) pudiera formar parte del futuro Museo Etnográfico. He hecho unas fotos, aquí os las muestro, no hago comentarios, no me quejo pero así están las cosas.

La gente de fuera o del pueblo que acude al Hogar a tomarse un café o una cerveza porque todos los bares del Sauceo están cerrados, ven las cosas antiguas que allí se exponen, dicen "qué bien" y todos desean un lugar más amplio y digno en el que guardar este legado de nuestros antepasados.