sábado, 14 de marzo de 2026

555. Hijo predilecto

 El 28 de febrero de este año 2026 y con motivo del Día de Andalucía, el ayuntamiento de Villanueva del Rosario tuvo a bien nombrarme hijo predilecto del pueblo; es un reconocimiento que agradezco y que quiero compartir con todos vosotros.

Me entregaron un diploma enmarcado y un precioso ramo de flores. Mi amigo y admirado Ginés Serrán  me obsequió también con una reproducción de su monumental Calipso, escultura en bronce que se puede ver en Ceuta, su ciudad natal.

Al final os pongo el texto con las palabras que, emocionado, dije en aquel acto.


El ramo de flores hoy, como nuevo dos semanas después.
No son de plástico.


El diploma.

Aquí está más grande para que puedan leerlo.

La escultura de Calipso que me regaló Ginés.

Detalle de la original que está en Ceuta.
Tiene 4.5 metros de altura.


Palabras que yo dije por si quieren leerlas.

Autoridades, familia, vecinos. Gracias, autoridades, por haberme propuesto para este honor; gracias, familia, por quererme, y gracias amigos y amigas por acompañarnos esta mañana del 28 de febrero, día grande para los andaluces. Seré breve por el bien de todos.
El que un día como hoy te propongan como hijo predilecto de tu pueblo debe de ser cuestión de suerte, porque habiendo tantas personas que se lo merecen, os habrá costado decidir a quién se lo adjudicáis. Pero ¿qué es eso de ser hijo predilecto?
Gramaticalmente hijo predilecto es un sintagma nominal, que tiene como núcleo el nombre hijo y como adyacente el adjetivo predilecto. Y aunque el diccionario y google lo omitan o pospongan, también se puede decir en femenino. Suena así: hija predilecta. Porque hijas predilectas en Villanueva del Rosario, haberlas, hailas.
Ahora bien, tanto lo de ser hijo como lo de ser predilecto no son realidades o estados a los que uno pueda acceder por sí mismo por mucho que se empeñe. Somos hijos biológicos de nuestros padres y en este parentesco nosotros no tuvimos ni arte ni parte. Nadie puede decir yo quiero ser hijo: a uno lo hacen hijo, de la misma manera que, sin que nosotros podamos decidir, nos hacen abuelo, tío o sobrino…
Ser padre o ser madre sí es una elección y los padres aman por igual a sus hijos y no hay hijos predilectos y yo estoy orgulloso de los padres que me tocaron y mis padres tuvieron suerte de tener buenos hijos y ellos, Juan y María, trabajaron lo indecible por que sus hijos tuviéramos un futuro más claro, menos negro, porque mi padre era carbonero y se deslomó haciendo carbón por estos cerros. Y cuando tú tienes hijos es cuando te enteras de lo que es ser padre y, sobre todo, lo que supone ser madre.
En este honor que nos hacéis aparezco como hijo de Villanueva del Rosario: somos hijos del pueblo en el que nos dieron a luz. Además, los de mi edad nacimos en el pueblo, en nuestra casa, en la misma cama en la que fuimos concebidos y en la que luego morirían nuestros padres. Los sauceños hablamos de nuestro pueblo como si fuera nuestro: mi pueblo, mi calle… y de este reconocimiento de sentirnos hijos nace el sentimiento que nos mueve a respetar, mejorar y valorar el municipio del que formamos parte. En conclusión, tenemos dos familias: una, la biológica, con padres, hermanos, nietos y toda la parentela, y otra, la familia de vecindad al ser hijos de nuestro pueblo.
Y ¿qué pasa con lo de predilecto? Ese es otro cantar y, perseverando en mi obstinada manía de ser docente estoy dispuesto a impartir un cursillo acelerado de cómo llegar a ser predilecto. Pero antes que predilecto somos hijos; sigamos el orden del enunciado: primero comportémosnos como hijos y después, tal vez nos nombren predilectos.
El hijo ama a su pueblo, le gusta recorrer sus caminos, vivir sus fiestas, pasear por sus calles y descansar con el ruido del agua que brota de la sierra. El hijo del pueblo guarda como oro en paño los objetos y herramientas con los que sus abuelos trabajaron en los campos y sus abuelas cocinaban y adornaban las casas. Para conservar este patrimonio, este empecinado hijo sueña con crear un museo etnográfico. Del mismo modo, los hijos preocupados por el pasado de su pueblo rescatan, valoran y conservan restos que dan testimonio del paso de otros pueblos y de otras gentes y que vivieron hace miles de años donde ahora nosotros estamos. Otro empecinamiento de este hijo obstinado: quiere que
haya en Villanueva del Rosario un museo arqueológico. Los hijos que aman a su pueblo hurgan en la memoria de los mayores para recordar viejas palabras, rescatar antiguas creencias y revivir aquellas hermosas canciones que animaron sus noches de fiesta a la luz de un candil. Y rescatan con denodado ahínco las fotos que conservan los sueños de una vida dentro de una lata de carne de membrillo.
Como buenos hijos de nuestro pueblo, aprenderán los nombres con los que está bautizado cada risco, cueva, paraje, cañada o río de la geografía que los rodea. Porque el Brosque antes fue Bosque, y donde había muchos quejigos ahora es el Quejigar, y contarán a sus hijos la anécdota que dicen que dio nombre a la cueva de Toma y Bebe, y beberán en la fuente de la Salud, del Tocino o del Toronjil, y sabrán dónde están Los Arentinales, contemplarán desde lejos el eterno e inconfundible perfil de la sierra y verán el Morrón de la Aguililla, el espinazo del Chamizo y la redondez del Pelao, y recorrerán la calle Desengaño que antes se llamaba Sinsalía y sabrán por qué hay una calle de Las Caenas, y hablarán de las Puentes, así, en femenino, que había donde se juntan el Cerezo y el arroyo de la Canaleja, y pasearán por el llano de la Besuga o entenderán de dónde le viene el nombre al cortijo Mirasiviene, y sabrán quiénes fueron Nicolás Morales, el Sabio, Anastasio o Juan Molina. Y por fin, y para escarnio de pudibundos, estos hijos de Villanueva del Rosario, si quieren ser predilectos, pondrán un rótulo con letras grandes que diga bien claro a los forasteros el nombre sonoro de nuestra cuesta más famosa: esta es la Cuesta del Peo.
Tengamos memoria de lo que fuimos para poder valorar lo que somos. Ser buen hijo es el paso previo para ser predilecto.
Y un apunte final; seamos originales y generosos creando el título de nieto predilecto de Villanueva del Rosario. Esta corporación municipal sabrá dárselo a quien se lo merezca con tal de que su padre o su madre, haya nacido en el pueblo y por circunstancias de la vida se vio obligado a emigrar. Por poner un ejemplo ejemplar, aquí está Ginés Serrán Pagán, de los Serranes del pueblo que se fueron a Ceuta donde nació este escultor universal que, por doquiera que va presume de sus raíces saucedeñas.
Autoridades, familia, amigos. Gracias de todo corazón.


sábado, 10 de enero de 2026

544.- Más apañao que ...

 ...que un jarrillo lata.

Del adjetivo 'apañado' dice el diccionario de María Moliner: "Cuidadoso y hábil para hacer las cosas". Nosotros lo condensamos y decimos que alguien es apañao o apañá.

Del nombre 'jarrillo', que como tal no aparece en el diccionario y aunque parezca diminutivo de 'jarra¡ o de 'jarro', no es ni una jarra pequeña ni un jarro pequeño; es otra cosa. Me explico.

Antes de la invasión del menaje barato chinesco o ikeano que inunda nuestras casas, en las viviendas de vuestros abuelos había algunos platos de graná, un jarro de porcelana en el que bebíamos todos el agua del cántaro y poco más. En muchas casas, a la hora de comer se ponía una fuente en el centro de la mesa y todos, por turnos, iban cogiendo la ración de olla, potaje, migas o lo que ese día hubiera guisado la abnegada mamá a fuego lento de la leña que ardía en el humero de la casa.

En aquellos tiempos no tan remotos, un vaso de cristal era un lujo y si se rompía, una ruina. Las mujeres guardaban como oro en paño algunas tazas de fina porcelana con sus platillos compañeros para ocasiones y visitas muy señaladas. Estas joyas, algunos platos decorados, un vaso de de cristal azul y una jarra compañera se guardaban en el hueco que hacían los gruesos muros de las casas, con estantes que decoraban finos encajes bordados. Este sitio cerrado con puertas acristaladas era el chinero, llamado así porque de siempre la loza fina y más apreciada era la que venía de China.

Otro recinto indispensable en las casas antiguas era la alacena (hermosa palabra que nos dejaron los árabes) que estaba situada bajo el hueco de la escalera, pues era el lugar más fresco de la casa y en ella se guardaban las viandas hasta que llegaron las neveras.

En la variada toponimia doméstica de las casas antiguas, había un vasar para los vasos, una cornisa sobre la chimenea doce se colocaban tazas y otros enseres en los que servir café o chocolate, y la vitrina, que como su nombre indica era donde en algunas casas se guardaban los utensilios de vidrio o cristal.

Volvamos a nuestro apañao jarrillo de lata. Fue un invento nacido del ingenio y de la penuria de la gente. En un tiempo en el que, gracias a Dios, todavía no se había inventado el plástico, el jarrillo de lata era un recipiente barato, irrompible y práctico. Para confeccionarlo se partía del envase de una lata de leche condensada La Lechera, artículo español y de consumo frecuente en las casas de entonces. Una vez consumida la leche condensada en azúcar, de la que se extraía el dulce y blanco manjar haciendo dos boquetes en la tapa de arriba (por uno se chupaba y por otro entrabe el aire), se esperaba a que apareciera por el pueblo el latero. El latero era un hombre que con escasos artilugios primitivos restañaba ollas, arreglaba sartenes, pegaba con lañas de metal las partes de un lebrillo o un cántaro rotos,,, y hacía jarrillos de lata. Para ello quitaba la tapa de arriba del recipiente metálico de leche condensada La Lechera, con el martillo restañaba los bordes para que no tuviera salientes peligrosos, hacía del círculo metálico un rectángulo alargado que curvaba con elegancia y luego lo soldaba a la lata con estaño derretido en una cubeta en la que guardaba unas ascuas de carbón. Y voilá, ya tenemos un jarrillo de lata.

No he conseguido encontrar ninguno jarrillo de lata. Para compensar tan inestimable pérdida, aquí os muestro algunas fotografías comentadas.

Moderna lata de leche condensada La Lechera.

Un jarrillo que se parece a los de lata pero que no lo es.

Jarrillo de porcelana moderno y chino.

Chinero 

Juegos de café, platos decorados, bandejas y jarra de cristal.


Este lo compramos en Ceuta.


Mantel que Eloísa hizo con hilos que su madre tenía en la tienda.


Pareja de antiguos vasos de cristal azul.

Alacena entre la chimenea con cortinilla y el televisor.
La silla azul te invita a sentarte.


Esta fotografía la tomé en Comares. Comimos en el restaurante El Molino de Los Abuelos, un precioso espacio situado en un antiguo molino de aceite. A la salida de la almazara se encuentran las dependencias de la casa conservadas con bastante fidelidad. El humero se ha reconvertido en receptáculo de una máquina de coser Singer, la cornisa de la chimenea exhibe los juegos de platos y tazas, y en la cornisa superior se han colocado los viejos recipientes de cobre de Lucena con asas de hierro pintadas en negro.

Eloísa a la derecha y su prima Isabelita a la izquierda curiosean sin disimulo en sendas alacenas.

sábado, 27 de diciembre de 2025

543. Fotos varias

 Del archivo de Lucía Vegas os muestro varias fotografías que ella hizo de distintos lugares y edificios de nuestro pueblo. Yo hago algunos comentarios y vosotros ponéis el resto.

Obras en la Avenida Juan Molina




Panadería de Frasquito Ruiz.








Fotos del pueblo.
















La falda del cementerio. Haza de Perragorda.


Fotos de la construcción de la residencia.










Otras vistas




El  cortijo del Ventorro antes de convertirse en ruinas.



Desde el camino de Las Huertas con el Morrón de la Aguililla al fondo.


El cortijo de Alemanes, en el Chatino con el Barranco de los Pilones al fondo.


Mosaico de la Virgen del Rosario. Se instalo el año 1953 a la entrada de la fábrica extractora de aceite de orujo, la Sulfurera. Cuando se derribaron los muros para construir la nueva cooperativa, Pepe Muñoz la rescató y luego la entregó para que siguiera donde se había colocado por primera vez. Y allí está.





La iglesia parroquial adornada para una boda.