viernes, 24 de julio de 2026

563. No hay más cera que la que arde


La expresión castellana 'no hay más cera que la que arde', figuradamente (es decir, que no se puede tomar al pie de la letra) significa que se acabó lo que se daba, que de lo que había ya no hay más.

De esta expresión fijémonos en el nombre cera y en el verbo arde. La cera es esa substancia sólida que segregan las abejas para formar las celdillas de los panales, y arde viene de que la humanidad ha usado la cera como combustible para alumbrarse.

Otra expresión en la que aparecen velas es la de 'estar a dos velas', tieso, sin dinero. El gesto de los dos dedos deslizándose a un lado y otro de la nariz indican claramente que se no se trata de cera sino de las dos velas mocosas que cuelgan de la nariz, y ahí las abejas no pintan nada.

¿Pero de dónde viene el nombre vela? Tiene su historia. Antes de que se inventasen los tanatorios, cuando alguien se moría la gente iba a la casa del difunto para acompañar a los dolientes y allí velar  al muerto toda la noche hasta la hora del entierro. Aquello era (y es) la vela, y el lugar al que acuden, el velatorio, palabras ambas que provienen del latín vigilare, que significa vigilar, estar atento, mantenerse despierto, en vigilia. Y como las velas de los muertos se hacían de noche y había que acudir a la vela con una luz, esa luz con la que se iba a la vela acabó llamándose vela. Todavía, si alguien se mete en un asunto que no le concierne, se le recrimina con un dicho tajante: ¿y a ti quién te ha dado vela en este entierro?

Quien haya tenido una vela en su mano habrá visto que este cilindro blanco tiene en su centro una cuerda, que es lo que lo que arde; eso es el pabilo, un cordón de hilo o de algodón que, encendido, da luz. De ahí proviene el verbo despabilar, avivar el fuego de la vela y, también, hacer que alguien salga del sueño o deje de estar distraído.

Cera e iglesia, no hay una sin la otra. Desde que se inventaron las religiones se usa la luz como fuego votivo que se ofrece a la divinidad para conseguir algún bien o aplacar su ira, porque los dioses de todas las religiones son bipolares: o benévolos o cabreados.

Además de la función religiosa de iluminar en las iglesias y en los entierros, la cera es uno de los productos que la humanidad ha utilizado para alumbrar sus habitáculos desde que aprendió a controlar el fuego. Hasta la llegada de la electricidad, en las viviendas se usaron otros productos (aceite, petróleo, gas) que se quemaban en diversos utensilios (candil, quinqué, petromax) para iluminar casas y calles.




Ahora las velas solo se usan por motivos religiosos: en las iglesia para iluminar los altares y en las procesiones para acompañar las imágenes. Tradicionalmente son las mujeres las portadoras de estas luminarias. Antiguamente. el portar luces tenía sentido práctico, porque las calles por donde pasaban las procesiones estaban a oscuras o mal iluminadas. Ahora, el llevar velas por el itinerario procesional (la calle de la estación, decimos en el pueblo) obedece a la devoción de las personas y para cumplir promesas. En el diccionario de la RAE el verbo alumbrar, entre otras acepciones, tiene la de 'asistir con luz a algún acto religioso'.

Velas en la iglesia.

Cirio Pascual

Tres candelabros con sus tres velas

Velas eléctricas que se encienden un rato previo pago

Ciriales y cruz procesional

El crucificado entre dos luces

Estas lámparas sobrevivieron a la destrucción en tiempos de la Guerra Civil.
Ahora llevan una bombilla; antes contenían lamparillas de aceite.

Velas en las procesiones.



Una última consideración muy actual. ¿Por qué a las velas encendidas en las procesiones no se les pone una protección para que las gotas de la cera derretida no caigan al suelo y vayan dejando un reguero de manchas indelebles?





jueves, 16 de julio de 2026

562. Calle del Rincón


En un plano del casco urbano de Villanueva del Rosario del año 1893 aparece una calle cuyo nombre ha desaparecido del callejero actual: es la Calle del Rincón
. Se trata del callejón que baja desde calle Linde hasta calle Adoquines, que antes se llamaba calle Granada. Este tramo urbano es un pasaje con escaleras y empedrado, aledaño al Mercado Municipal y en el que no hay ninguna puerta de vivienda salvo la entrada lateral a la casa de Polonio el Correo.

El rincón que da nombre a la calle es un patio común que estuvo siempre abierto y en el que hubo viviendas que habitaban varias familias. En los años sesenta del pasado siglo, el alcalde Rafael Navas (Rafalito Julián) mandó construir en la entrada un arco artesonado y, posteriormente, los vecinos cancelaron el recinto con una puerta metálica que siempre está cerrada. Y es que, como era un rincón deshabitado, apartado y oscuro, podía entrar cualquiera. Se había convertido en un lugar propicio para acometer algunas necesidades biológicas que atentaban contra la honestidad y la higiene pública.

Allí hubo viviendas numeradas y habitadas hasta finales de los años cincuenta. Polonio Ramos, que es uno de los colindantes y propietarios de este 'corral' me ha dado los nombres de algunas familias (al menos cuatro) que él recuerda que lo habitaron. Perdonad la proliferación de apodos pero es que así era como se conocía la gente; de apellidos, nada.

El abuelo de los Reguero, al que apodaban 'Mascarilla'.
La 'Carrasca', madre de la mujer de 'Jaro Plaos'.
Manolillo el Calé y su mujer, la 'Perica', junto con sus hijos.
La familia de Peña el Rico y, más adelante, la familia 'Mareos'.

Callejero del pueblo hecho el año 1983


Detalle del plano donde se ve más claramente Calle del Rincón, entre Calle de la Linde y Calle de Granada (Adoquines). No está señalado el entrante o rincón..





 
Foto de la entrada aún diáfana
La foto es oscura porque la he sacado de una diapositiva.

Diversas fotografías del pasaje y de la entrada.







Como la puerta estaba cerrada hice estas fotografías del interior del rincón metiendo la cámara por un claro que hay bajo la puerta. Polonio me ha prometido abrirme el recinto para hacer fotos en condiciones.

Sobre la puerta que hay al fondo, a la izquierda, aún está el rótulo con el número 2.










sábado, 11 de julio de 2026

567. Toponimia doméstica(1)

De la misma manera que Villanueva del Rosario mantiene el antiguo y primitivo nombre del Sauce(d)o, hay lugares, calles y parajes de nuestra geografía urbana que tienen un sobrenombre antiguo o puesto recientemente. Como lo normal que es que las cosas de antes (también estos nombres) tiendan a caer en olvido, aquí doy algunas explicaciones del origen de estos denominaciones tan nuestras.

1. Pecho de los civiles.
Coincide con el trazado de calle Carneros, la que baja desde plaza España, tuerce a la izquierda y llega hasta calle Arroyo. Como durante varias décadas el cuartel y viviendas de la Guardia Civil estuvieron en lo que era la Casa Grande, y que ahora ocupa el nuevo edificio del ayuntamiento, la gente llamó a esta calle en pendiente con el calificativo coloquial de Pecho de los civiles. El nombre 'pecho' tiene el valor de 'pendiente' y no aludía para nada al 'tórax' de los agentes de la Benemérita. Por cierto, la figura del guardia civil con tricornio, casaca verde y correajes negros, aunque temida y respetada, era familiar en la calle, en los bares y en todos los actos públicos, inauguraciones, procesiones y festejos. Ahora, ni se ven ni están.





2. Los cuatro cantillos.
Así se llamaba al asimétrico cruce que se produce entre las calles Carrera, la que baja desde la plaza de la iglesia y  calle Rocío. Según el diccionario de la RAE 'cantillo' es la esquina de un edificio, y en todo cruce hay cuatro esquinas, aunque en nuestro cantillo las calles no se crucen en perpendicular. En estos lugares de cruce suele haber negocios porque es paso obligado para mucha gente, y en nuestro Cuatro Cantillos hubo tiendas de ropa y de comestible, carnicería, bares, peluquería... y hasta una oficina de la Caja Rural.
Se ve que en una de esas esquinas de Dios sabe qué localidad, tenía su taller un sastre buenazo y simple, cuya generosa manera de gestionar la sastrería dio lugar a un refrán que se aplica a quien regenta un negocio ruinoso: El sastre del cantillo, que cosía de balde y ponía el hilo. Luego, alguien dijo que la sastrería estaba en Campillos. Es mentira, estaba en una esquina, en un cantillo: solo es cuestión de rima entre 'cantillo' y 'Campillos'.











Curiosa imagen: la cuadratura del círculo.

3. La calle de las cadenas.
La actual Calle Inés Molina se llamaba antiguamente calle Buenavista. Es una calle larga, bastante llana, en la que vivían familias de medio pelo: ni tan de postín como las de calle Granada, actual calle Adoquines, ni tan de gente más pobre como eran los que vivían en el Arroyo. Con motivo de las festividades de La Pascua, Semana Santa, san Juan o el día de la Virgen, se organizaban reuniones en alguna casa particular para que la juventud pudiera bailar, beber alguna copa de aguardiente y así conocerse para iniciar una noviería. Estas reuniones de baile y cante, sin orquesta ni música, danzando al ritmo de antiguas canciones, las llamaban 'juegos'.

El caso es que que cuando organizaban una fiesta los mocitos y las mocitas de las calles del centro (Plaza de la Constitución Calle Granada, calle Carrera...) no dejaban entrar a los jóvenes de otras calles. Como revancha, los de la calle Inés Molina organizaron sus propios juegos festivos y pusieron vigilantes por las bocacalles para que los de arriba no pudieran participar en sus juegos. Y los que tenían gana de fiesta y no podían asistir dijeron: "Nos han puesto ca(d)enas", y de ahí viene el nombre de la calle de las Cadenas.













Final de calle Inés Molina: Pecho del Grupo en obras.



Pasaje de Los Arcos