Si desde un lugar elevado del pueblo de Villanueva del Rosario dirigimos nuestra mirada hacia el sur, veremos con toda nitidez el perfil quebrado de la sierra en el que se dibujan tres puertos: en el centro, el de Las Pedrizas; a la izquierda, el de Las Fresnedas; a la derecha, el de El Lobo. Estos puertos han facilitado desde que el mundo es mundo el paso de un lado a otro de la montaña a los viajeros que caminaban a pie, a los que montaban en caballería o a los que viajaban en carro o en diligencia. Ahora, el único puerto abierto es el de Las Pedrizas y por la carretera que lo traspasa transitan de día y de noche miles de vehículos,
Es bueno saber el nombre de los lugares (fuentes, ríos, cuevas, cerros, cañadas, veredas, tajos, puertos...) que estamos viendo desde que nacimos. Los nombres de los lugares son los topónimos. Estos lugares estaban ahí cuando aún no había personas que los contemplaran; pero alguien llegó, los bautizó y les dio un nombre para orientarse. Si tú no sabes el nombre del sitio en el que estás, estás perdido.
| El horizonte y los puertos un día claro, vistos desde el parque-cementerio. |
| Otra imagen de lo mismo desde el mismo sitio. |
| Puerto de Las Fresnedas |
El Puerto de Las Fresnedas se abre entre Sierra Prieta (llamada así por el color oscuro, prieto, de la vegetación que la cubre) y las estribaciones de las sierras de Los Camarolos y la de El Cojo. La fértil pendiente que vemos tras los olivos es el Hoyo de Alemanes, y a la izquierda están los parajes de El Chatino y Chisporreos. El topónimo de Fresnedas le viene por los bosques de fresnos que había antiguamente al otro lado del puerto y de donde también recibe el nombre el cortijo que hay al trasponer: cortijo de Las Fresnedas.
Hasta principios del siglo XIX fue una de los principales pasos hacia Málaga desde el interior; otros dos puertos por los que se accedía eran el Boquete de Zafarraya desde Granada y la Boca del Asno desde Antequera.
La calzada romana y los caminos medievales que cruzaban este puerto han sido devorados por los olivos y las tierras de labor, y si quieres pasar te encuentras alambradas, puertas con cadenas y dueños que te impiden el paso. Son caminos reales que podemos usar libremente y el derecho a transitar por ellos nunca prescribe.
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