De la misma manera que Villanueva del Rosario mantiene el antiguo y primitivo nombre del Sauce(d)o, hay lugares, calles y parajes de nuestra geografía urbana que tienen un sobrenombre antiguo o puesto recientemente. Como lo normal que es que las cosas de antes (también estos nombres) tiendan a caer en olvido, aquí doy algunas explicaciones del origen de estos denominaciones tan nuestras.
1. Pecho de los civiles.
Coincide con el trazado de calle Carneros, la que baja desde plaza España, tuerce a la izquierda y llega hasta calle Arroyo. Como durante varias décadas el cuartel y viviendas de la Guardia Civil estuvieron en lo que era la Casa Grande, y que ahora ocupa el nuevo edificio del ayuntamiento, la gente llamó a esta calle en pendiente con el calificativo coloquial de Pecho de los civiles. El nombre 'pecho' tiene el valor de 'pendiente' y no aludía para nada al 'tórax' de los agentes de la Benemérita. Por cierto, la figura del guardia civil con tricornio, casaca verde y correajes negros, aunque temida y respetada, era familiar en la calle, en los bares y en todos los actos públicos, inauguraciones, procesiones y festejos. Ahora, ni se ven ni están.
2. Los cuatro cantillos.
Así se llamaba al asimétrico cruce que se produce entre las calles Carrera, la que baja desde la plaza de la iglesia y calle Rocío. Según el diccionario de la RAE 'cantillo' es la esquina de un edificio, y en todo cruce hay cuatro esquinas, aunque en nuestro cantillo las calles no se crucen en perpendicular. En estos lugares de cruce suele haber negocios porque es paso obligado para mucha gente, y en nuestro Cuatro Cantillos hubo tiendas de ropa y de comestible, carnicería, bares, peluquería... y hasta una oficina de la Caja Rural.
Se ve que en una de esas esquinas de Dios sabe qué localidad, tenía su taller un sastre buenazo y simple, cuya generosa manera de gestionar la sastrería dio lugar a un refrán que se aplica a quien regenta un negocio ruinoso: El sastre del cantillo, que cosía de balde y ponía el hilo. Luego, alguien dijo que la sastrería estaba en Campillos. Es mentira, estaba en una esquina, en un cantillo: solo es cuestión de rima entre 'cantillo' y 'Campillos'.
3. La calle de las cadenas.
La actual Calle Inés Molina se llamaba antiguamente calle Buenavista. Es una calle larga, bastante llana, en la que vivían familias de medio pelo: ni tan de postín como las de calle Granada, actual calle Adoquines, ni tan de gente más pobre como eran los que vivían en el Arroyo. Con motivo de las festividades de La Pascua, Semana Santa, san Juan o el día de la Virgen, se organizaban reuniones en alguna casa particular para que la juventud pudiera bailar, beber alguna copa de aguardiente y así conocerse para iniciar una noviería. Estas reuniones de baile y cante, sin orquesta ni música, danzando al ritmo de antiguas canciones, las llamaban 'juegos'.
El caso es que que cuando organizaban una fiesta los mocitos y las mocitas de las calles del centro (Plaza de la Constitución Calle Granada, calle Carrera...) no dejaban entrar a los jóvenes de otras calles. Como revancha, los de la calle Inés Molina organizaron sus propios juegos festivos y pusieron vigilantes por las bocacalles para que los de arriba no pudieran participar en sus juegos. Y los que tenían gana de fiesta y no podían asistir dijeron: "Nos han puesto ca(d)enas", y de ahí viene el nombre de la calle de las Cadenas.
Final de calle Inés Molina: Pecho del Grupo en obras.