martes, 15 de diciembre de 2015

203.- De copas en familia

De entre las fotografías en blanco y negro que amablemente me habéis dejado, hoy elijo una docena en las que aparecen matrimonios o amigos delante de una mesa en la que se sirven cervezas, vinos y licores. Son días de fiesta, de boda o de reunión familiar. Cuando los sé, indico los nombres o apodos de los protagonistas del momento de diversión.

En el salón de Rafalito, de izquierda a derecha: Pepe, Laura, Josefita, Chicón, Dionisio, Elvira...

Familia de Antonio Cano: Rosalía, Anita, Antonio Cano, Cristóbal, Candelaria...

De boda en Antequera.
Pepe el juez y su mujer. Enrique del sacristán y su mujer.
A la derecha, Dominica y José Antonio 'Maeras'.
A la izquierda, Marcos el peluquero y Angelita del guardia León.


Invitados a la boda de Paco Molina y Lola, año 1955.
Por la izquierda Antonio 'Frasquillo', Dionisio, Elvira, su hija Encarnita, Encarna de Juanico la Bigota...

En el bar de la Fonda, un día de la Virgen.

Reunión familiar de los Correos

Manolo (Tejero), su mujer Adela, Anita Cano, Elvira, Dionisio, Encarnita, Rosarito.

Familia de Antonio el de la Bigota

Familia de Luis el maestro, de Manolo el practicante y del guardia civil (no estoy seguro de que se llamara Cerezo)

Terrones, José Godoy (Coscurrones) con su nieto José Miguel, Pepe el del Sacristán, Rafael Castillo

Manuel el practicante, su mujer y su hija..

sábado, 28 de noviembre de 2015

202.- El hogar de los jubilados

En 2015 publiqué esta entrada que fui actualizando con nuevas fotos. El motivo de estos comentarios sobre el Hogar del Jubilado es que a esta institución le corre mal aire: los miembros somos pocos; no se incorporan nuevos clientes; el negocio es ruinoso (hay día que se venden 20 cafés), José María, el encargado, tiene que pagar como autónomo (300 euros al mes); el ayuntamiento podría implicarse más... Sería una pena que los viejos que no queremos estar todo el día sentados en la La Linde o en la Fuente Vieja, no tuviéramos donde echar un rato en una actividad, jugar una partida al dómino que además es bueno para la cabeza y para la memoria.

Entrada de 2015
Entre los servicios que han de ofrecer los ayuntamientos para el bienestar de sus vecinos, está el de proveer de un lugar en el que los viejos (dejémonos de eufemismos como mayores o los de la tercera edad) puedan reunirse, echar una partida al dominó o charlar con los amigos. En nuestro pueblo también hay dos sitios en los que habitualmente se reúnen los hombres para hablar de sus cosas o de las cosas de los demás. Estos espacios abiertos y soleados son La Linde (La Moncloa) y La Fuente Vieja.

Antes de la creación del Hogar del Jubilado, inicialmente patrocinado por la Caja de Ahorros de Antequera, existió el teleclub, invento del ministro Fraga Iribarne para promocionar la 'cultura' televisiva entre los ciudadanos que no tenían televisor en su casa.

Desde el año 1991 el Hogar de los Jubilados está instalado en los bajos del edificio del reloj, en la plaza de la iglesia. Ha tenido varios encargados pero el que más tiempo se ha mantuvo en el puesto fue Miguel 'Veleta'. De aquella época no tengo ninguna fotografía.


Inauguración del teleclub, situado en la calle Queipo de Llano, en la actualidad calle 1º de Mayo.
El alcalde era Manuel 'El practicante'.


He ido añadiendo diversas fotos con jubilados jugando (o viendo jugar) al dominó, tomando unas copas o charlando amigablemente. Es una lástima que seamos pocos los hombres y poquísimas las mujeres los que vamos a disfrutar de un sitio tan acogedor y tan nuestro omo este, donde un café vale un euro y una copa con tapa uno y medio.




Esta foto la tomé hace ya unos años. Eran Pepe Follones, Antonio 'el Pastelero', Pepe 'Solano' y Cristóbal 'el Rubio.






El que toma café junto a la ventana era Paco 'el Gregorito'.










La joven pareja que, durante unos años, fue la encargada del Hogar de los Jubilados.

El jugo del dominó tiene su propia fraseología de la que hablaremos en otro momento.

El 3 de mayo del 2022, después del cierre a causa de la pandemia, añadí nuevas fotos de fechas diferentes en los que aparecemos los clientes habituales y José María, el que entonces era el encargado y sufridor del cotarro.

El desorden de las fechas en que tomé las fotografías es evidente, pues en las últimas fotografías estamos todos con la mascarilla puesta.
























Los encargados ahora son Montse y Miguel.








sábado, 21 de noviembre de 2015

201.- Prohibido

En esta entrega del MURRE de hoy solo muestro dos fotos con sendos comentarios; las fotografías fueron tomadas, una en Barcelona y otra en el Rosario, las dos delante de un cartel en que se prohíbe.

Miren la primera foto.


Vemos un agitado grupo de jóvenes saucedeños recién llegados a Cataluña. Por la vestimenta se deduce que es un día de descanso, pues se han puesto sus mejores galas; han ido a retratarse delante de un cartel en el que se avisa tajantemente y en castellano que en ese lugar está absolutamente reservado el derecho de admisión. El que más abajo se diga que lo que no pueden entrar o estacionar sean vehículos, a estos paisanos nuestros les trae sin cuidado. Con un gesto claro de desobediencia, señalan hacia aquellas letras tan grandes y hacen burla de cartel y de lo que dice, riéndose a más no poder.

Hay que hacer un estudio sobre lo que supuso la salida en los años sesenta del pasado siglo, de casi la tercera parte de los habitantes de nuestro pueblo. Aquí estaban las cosas muy mal. pero allí tampoco sus vidas fueron fáciles y cada familia vivió su propio drama.

Me gustaría que me ayudasen a identificar a los siete de la foto; del último, que está a la derecha solo se le ve un brazo y una pierna. Por la izquierda reconozco a Juan (Feodoble) y a José Antonio (Terrizo). El quinto, con melena y pantalones acampanados, me parece que es El Mandi, pero no estoy seguro. Quien sepa la identidad de los otros puede escribirme a mi correo: fjacuriel@hotmail.es

Miren ahora la segunda fotografía.


Esta foto se tomaría hacia 1968 un sábado a la hora del paseo por los adoquines y de las copas en alguno de los numerosos bares del Sauceo:  La Fonda, El Correo, Barquillero, Rafalito, Alpargatas...

En ella aparezco yo, Eloísa, mi madre, mis hermanos Pepe y Mari Carmen, mi cuñada Juanita con Belén en brazos. En los cochecitos están María Jesús y Juan Francisco. Nos hemos parado frente a La Fonda, lo que ahora es La Alacena. Pues bien, para vuestra información, todos (nosotros, los que están de espaldas, el padre de Antonio Aguilera, al que apenas se ve a la derecha) todos estábamos infringiendo una normativa municipal y por lo tanto expuestos a que nos pusieran una multa. Para saber la solución sigan leyendo.

En el centro de la fotografía, en la parte de arriba, justo encima de la cabeza de mi hermano Pepe, se ve parte de un cartel con letras negras sobre fondo blanco. Reconstruyo lo que dice porque estuvo allí durante varios años:

Prohibido
el estacionamiento
de personas
y toda clase
de vehículos

Que se prohíba estacionar coches, vale; pero que también se prohibiera a las personas 'estacionarse' en aquel lugar resulta chocante. Pero la cosa tenía su historia.

Durante muchos años, en el pueblo los obreros del campo salían cada atardecer para ver si alguno de los aperadores de las principales fincas (Los Bosques, El Tardón, Las Lomas de Muriel...) los llamaban para trabajar al día siguiente; a esa espera (a veces desesperada) la llamaban 'hacer la plaza'. En efecto, los obreros empezaron a reunirse primero en la plaza de abajo, luego en la de la iglesia, también en los Cuatro Cantillos y, finalmente, en la puerta del bar de la Fonda. Cientos de jornaleros parados durante horas en aquel cruce de calles entorpecían el paso de la gente, sobre todo de las mujeres, a las que les daba reparo cruzar entre tanto hombre. A causa de la prohibición que indicaba el cartel, aquellas 'manifestaciones' de hombres buscando trabajo se vieron obligadas a hacerse de nuevo en la plaza de la iglesia.

Los que vivieron aquellos duros años recordarán cómo muchas noches los hombres volvían a casa sabiendo que al día siguiente no iban a trabajar y, por lo tanto, no cobrarían la peonada que tanta falta les hacía. Otros, con más suerte, iban a sus casas y les decían a su mujer que mañana tenía trabajo; entonces, aquella mujer cogía la cesta y se iba a comprar a la tienda, que por entonces cerraban sobre las once de la noche, y compraba lo necesario para prepararle la talega (la comida) a su marido.

Estas durísimas penurias económicas fueron las que empujaron a tanta gente a abandonar nuestro pueblo y emigrar a Cataluña, a Francia, a Alemania o a Australia.