domingo, 5 de julio de 2026

559. Camino de las Tres piedras

Camino de Las Tres Piedras

Las Tres Piedras es (era) uno de los molinos harineros más importante de nuestro pueblo. Para llegar a este cortijo-molino hemos de bajar por calle Molinos, seguir la ruta que discurre por la margen derecha del arroyo de La Canaleja y pasar bajo el puente a través del túnel por el que pasa este camino. A unos cien metros del puente nos desviamos a la izquierda y, entre un huerto fértil plantado sobre un antiguo basurero y la Guardería Infantil, se inicia el corto paseo que nos lleva al molino.

Atravesamos el arroyo de la Canaleja por un puente construido no hace mucho tiempo y enseguida aparecen las viviendas de una reciente urbanización con espléndidas casas y mejores vistas. A la derecha quedan la antigua Huerta Africana y el cortijo de Gachas. Una alameda marca el curso del arroyo. Al trasponer una pequeña loma aparece el molino de Las tres piedras, a la sombra de un centenario nogal y rodeado el lugar de espléndidos álamos negros que bordean el río del Cerezo. Durante un tiempo, en una nave aneja de construida hacia 1960 y que primero fue criadero de pollos, en este molino funcionó un afamado restaurante, ahora medio en ruinas tras una riada.

El molino de Las Tres Piedras debe su nombre a que contaba con tres rodeznos que podían mover a la vez tres piedras de molienda. Las muelas y toda la maquinaria han desaparecido, pero en el interior de lo que fue el molino se conserva un viejo alternador que, movido por el agua, fue una ‘fábrica de luz’ de las tres que se surtieron al pueblo de electricidad a principios del siglo XX.

Sobre el río Cerezo hay un puente y el camino sigue hasta la carretera comarcal que nos lleva a la Venta de Las Delicias, la Gasolinera y La Sabina, todo esto ya en el término municipal de Antequera. El río Cerezo marca la linde entre el Rosario y el desaforado término de la ciudad del Torcal.


De este recorrido os muestro varias fotografías sin comentario.


El camino




















El molino











El cao