sábado, 9 de octubre de 2021

283.- Medio siglo de la Venta Las Delicias


El día 8 de octubre del año 1971 abrió sus puertas al público la Venta de Las Delicias. Se han cumplido, pues, cincuenta años de esta venta, bar, restaurante y hostal. Es el comercio más antiguo de Villanueva del Rosario, detrás del centenario Horno de Tedoro y de la Farmacia, aunque esta ha cambiado al menos tres veces de lugar. Pedro murió el año 2019 y tristemente no pudo celebrar con nosotros ni con sus clientes y amigos este cumpleaños con el que soñaba.

La vivienda-cortijo construida hace casi cien años por José Caro, tenía sobre su puerta de entrada el nombre LAS DELICIAS, pero todo el mundo en el pueblo la conocía como el Cortijo de la Trini, que así se llamaba la hija de Caro.

Mi hermano Pedro, junto con su mujer Mari Carmen, puso en marcha este negocio como venta-restaurante, algo novedoso en la comarca pues lo que había hasta entonces eran bares y tabernas donde no se daban comidas. La Venta las Delicias fue durante muchos años un lugar de moda al que acudía gente de todas partes de la provincia de Málaga y tuvo merecida fama por sus comidas caseras: conejo, migas, setas, sopas, postres...

A Pedro Álvarez Curiel, mi hermano, le venía de antiguo el servir detrás de un mostrador. Casi de niño fue camarero en el bar de Montero en el Trabuco. así como en la Fonda del Rosario. Emigrante como tantos paisanos nuestros fuera de su tierra, estuvo varios años trabajando en Alemania, en los talleres de la fábrica de coches Porsche en la ciudad de Dortmund. El dinero que ahorró en Alemania sirvió para comprar Las Delicias.


12-9-2015
Pedro, siempre con una sonrisa y un bolígrafo en el bolsillo.


27-2-2015
Atento a todos los detalles. Paraba poco sentado.



Pedro, un crío, en el bar de Montero del Trabuco hacia 1952

En el bar de La Fonda haciendo un cóctel

En Alemania celebrando el día de san José con otros emigrantes.
Pedro era el cocinero del grupo.


Gran aficionado a la cacería, aquí está un día de la Virgen
en el concurso de tiro al plato



1971. Obras de acondicionamiento del cortijo para convertirlo en venta.




La Venta con la sierra nevada al fondo



El día de la gran nevada


Obras de ampliación de la venta hacia 1985

1954. Fotografía tomada desde donde en la actualidad está la Farmacia.
Se ven el cortijo de la Trini, el de Gachas, la Huerta Felipe, el cortijo Blanco y el Mirasiviene

Cortijo la Trini hacia 1950

La Trini, hija de José Caro.
Se casó con uno que le decían Treintarrobas


Hay muchas fotografías de reuniones familiares en Las Delicias pues era lugar habitual donde celebrar bautizos, comuniones y bodas. Aquí pongo algunas fotos en los que aparecemos los familiares

Bautizo de mi sobrino Javier, hijo de Hilario y Maricarmen

1982. Foto familiar en el bautizo de mi hijo Francisco



Reunión de los Pedrines. 12-9-1915



En la puerta de Las Delicias un día de la Virgen





Antonio de Canillas cantando en Las Delicias

Antiguo comedor de la Venta

En plena fiesta



martes, 21 de septiembre de 2021

282.- Auge y decadencia del quiosco

Según el diccionario, quiosco es "construcción pequeña que se instala en la calle o lugares públicos para vender en ella periódicos, flores, etc". Eso era en las ciudades; en los quioscos de nuestro pueblo lo que más se vendía era el etcétera: caramelos, pipas, chicle, tabaco, mariquitinas, tebeos... Hablo en pasado porque en estos tiempos el quiosco es un establecimiento en peligro de extinción. En todas partes.

Al principio (a mediados del siglo pasado) tener un quiosco en una esquina o en una plaza era señal de pueblo moderno y un lujo para los niños, aunque nuestro presupuesto se ceñía a algunas perras gordas y, para algunos privilegiados, una peseta. Lo de los duros en nuestros bolsillos tardaría en llegar.

Antes de los quioscos, el viejo Botines, con sus más de ochenta años, instalaba cada mañana en la esquina de la tienda del Estanquero (la esquina de la casa de la Lola de Higinio) una especie de ruleta. Consistía en una tabla pintada de colorines, con un círculo de puntillas y un eje central del que salía un palo que giraba con un trozo de carta de baraja en la punta. Si el puntero se paraba en el lugar donde estaba el premio, ganabas. Jugar a aquella rudimentaria ruleta de la suerte costaba unos céntimos y el premio era unas veces un caramelo, otras un membrillo y a veces un montoncito de alcatufas.

El permiso para instalar un quiosco lo da el ayuntamiento y suele concederse a alguna persona necesitada, a una mujer viuda o a alguien con algún tipo de invalidez. Apenas hay imágenes de los quioscos antiguos: el de Gamboa que estaba en lo que ahora es la ferretería de Amparo; el de la Mariquita del quiosco entre la casa de Bernabé y la carnicería de Perche; el de Sanleón, frente a donde está ahora el Covirán; el del Correo, en la esquina de la Encarnita; el de María Bautista, al lado del Mercado Municipal; el de Mateo, al otro lado de los Adoquines; el de Franco... Como eran instalaciones de poco peso, a veces se cambiaban de lugar.

En esta primera foto estoy yo con mis hijas María Jesús y Mónica. En la calle de arriba, donde ahora está la tiendecilla, asoma la silueta de un quiosco.

En la segunda fotografía, al fondo de la calle y acercando la imagen se vislumbra el techo del quiosco del Correo.



El quiosco de María Bautista junto al mercado.


Detrás de unos niños que piden para el Domund disfrazados de chinitos, está la silueta del quiosco de Sanleón, entre la tienda de Cristóbal Colón y la de Antonio la Bigota.


Un quiosco entre la casa de Pérez y la de Liborio, frente al bar de Rafalito. El cliente es Pepe Herrero el municipal.


Felicidad Peralta es la mujer que regenta el último quiosco vivo del Saucedo. Con fe ciega y paciencia infinita, ella sigue fiel a la tradición y cada día abre con una sonrisa su negocio en la plaza de abajo. Haya niños o no, allí está el quiosco de la Felicidad.







Junto a la fuente y parque de la Fuente Vieja.
Este quiosco se construyó para Juan 'Colmenillas' pero estuvo abierto muy poco tiempo.


En el cruce de carreteras. Quiosco cerrado de Diego Moreno.

Entre la papelera y el banco tuvo Franco su primer quiosco.

El segundo quiosco de Franco ya cerrado.


Mas o menos donde está la señal de tráfico estuvo el quiosco de la María (del quiosco). 

Esquina donde estuvo el de Miguel el Correo que luego lo llevaría Encarnita.

Esquina del quiosco de la María de Falage

Justo en frente estaba el de María de Mateo

Sobre este quiosco quisiera extenderme pues Inés, la viuda de Antonio Mateo, me ha dejado algunas fotos y me ha dado información de sus inicios.

Como dije al principio, estos establecimientos se los concedía el Ayuntamiento a personas del pueblo con algún problema físico que les impedía trabajar.

Los padres de Inés y María eran Isabel y Francisco. Él trabajaba de gañán en el cortijo de La Saucedilla y araba los campos con una pareja de bueyes. Cierto día, otro gañán estaba poniendo el yugo (ubio) a los bueyes y tuvo problemas pues uno de los toros se resistía a que lo ataran. El pobre hombre, viendo que no podía, llamó a Francisco para que le ayudase porque el animal se resistía. Cuando se puso a uncir al buey, el animal, que aquel día no quería trabajar, lo embistió y lo corneó en el hombro y en la pierna, le sacó la clavícula del hombro, le rompió la cadera y lo pisoteó con sus cerca de mil kilos de peso. Casi desangrado y prácticamente muerto, lo llevaron al hospital de Antequera donde los médicos, al verlo en aquel estado dijeron que no podían hacer nada. El dueño de la finca, que era un buen hombre, insistió en que intentaran salvarlo pues él estaba dispuesto a pagar lo que hiciera falta. El caso salió en el periódico.

Después de varias operaciones y muchos meses en el hospital, Francisco volvió al pueblo sin posibilidad de ganarse la vida trabajando. Además, el dueño de La Saucedilla que tanto le había ayudado, murió de repente y los herederos no quisieron saber nada de este trabajador a pesar de las promesas que el anterior patrón le había hecho. Inválido, con mujer y dos hijas y sin ningún tipo de ayuda, el ayuntamiento le dio permiso para instalar el quiosco, que luego heredaría su hija María cuyo marido también se puso enfermo.



Isabel y Francisco

Francisco con las cicatrices de heridas en el hombro.

En el hospital de Antequera con los médicos que lo curaron.


Inés y María, la prima de su marido, delante del quiosco de su padre.

Además de chucherías, el quiosco servía como biblioteca popular con la venta de tebeos o el alquiler de novelas de Marcial Lafuente Estefanía y de Corín Tellado.






viernes, 16 de julio de 2021

281.- Valle del Rosario y campo de golf

Lo llamaron Valle Rosario. Lo que prometía ser una urbanización de lujo en un entorno privilegiado se deshizo arrastrada por la burbuja inmobiliaria del 2008. Muchas personas hicieron su reserva y entregaron cantidades a cuenta pero las casas nunca se terminaron. Desde el pueblo se ve nítida la silueta de unas edificaciones inacabadas que comienzan a estar rodeadas de maleza. El bosque reclama lo que era suyo.

El Brosque ya está acostumbrado a ver cómo sus casas son devoradas por el abandono y el paso del tiempo. En la foto primera, restos de un cortijo en ruinas rodeado de olivos y monte.

Un día de junio del año 2017 cogí mi cámara, me di un paseo por aquel reseco paraje y saqué unas cuantas fotos que aquí os muestro. Las vistas desde aquellos cerros son una maravilla, con el pueblo y la sierra al fondo del horizonte. No he vuelto a pasar por allí y me temo que habrá ruinas para rato.

















Dos encinas que quedaron aisladas después del desmonte que se hizo para lo que iba a ser un verde campo de golf.