martes, 5 de julio de 2022

312. Se cierra el Hogar del jubilado

Hoy, 5 de julio del año 2022, el Hogar del jubilado se cierra. El joven José María Navas Godoy, que durante más de siete años ha estado al cargo del establecimiento, no ha tenido más remedio que irse a trabajar de albañil porque las cuentas no le salía desde hace mucho tiempo. La puntilla ha sido la pandemia.
Como cliente habitual de nuestro hogar quiero hacer algunas consideraciones.

Si no se busca una solución para reabrirlo, quizás seamos el único pueblo de la provincia de Málaga que no tenga un hogar para los jubilados.
Durante muchos años eran muchos los vecinos, jubilados o no, que pasaban horas distraídos jugando al dómino o a las cartas y consumían café, infusiones o cerveza. Estaba abierto mañana y tarde excepto los domingos
Los precios de lo servido en el hogar siempre era más barato que en otros establecimientos.
El local, inaugurado en febrero del año 1991, es amplio, bien ventilado, céntrico, con servicio de aseo para hombres y mujeres, aire acondicionado, televisor, mobiliario cómodo que ha sido renovado no hace mucho por el Ayuntamiento...
Al contrario que en otros pueblos, las mujeres nunca acudieron al hogar: quizás habría que haber puesto en el rótulo de entrada: Hogar del jubilado y de la jubilada.
Allí podía entrar cualquiera; la condición es que consumiera algo. Así y todo, siempre había alguien que no se gastaba una peseta antes del 2001 ni un euro después.
José María ha tenido que irse porque eran muchos los días en los que apenas hacía 20 euros de caja. Perdía dinero.
Estaba dado de alta como autónomo y al mes pagaba últimamente 293 euros de cuota.
El Ayuntamiento, a su vez, le cobraba 150 euros mensuales. Esta cantidad dejó de abonarla a partir del cierre por el confinamiento.
Los vecinos tampoco han sido fieles con este servicio municipal y poco a poco muchos han dejado de acudir al centro social.
A ver qué solución le damos, entre todos.

José María sirviendo el último café

Así de negro ve su porvenir en el Hogar del Jubilado


Algunas fotos que tomé estos días antes del cierre del Hogar.








Hoy, 5 de julios del 2022













La máquina del café se la llevan el viernes.
Es propiedad del proveedor.










viernes, 17 de junio de 2022

310.- Escombros florecidos

Hablemos del presente. Lamentablemente no somos cuidadosos con el medio ambiente ni con el ambiente entero.

A poco que nos fijemos, vemos en las cunetas montones de latas de cerveza o de refrescos que, conductores desaprensivos, han arrojado sin pudor desde la ventanilla de sus coches.

Mientras damos un paseo por el campo no es difícil encontrar en medio de una cañada un neumático abandonado que tardará siglos en deshacerse.

Siempre habrá algún bárbaro que, con nocturnidad y alevosía, dejará su colchón de muelles tirado detrás de un contenedor porque no ha podido esperar hasta fin de mes para llevarlo al punto de recogida.

En alguna linde nos toparemos con un montón de escombros puesto allí como testigo elocuente de la dejadez y falta de solidaridad de algún vecino que cambió los azulejos del cuarto de baño.

Un día, paseando por el campo, no me pude resistir a hacerle una foto a aquel montón de escombros ante el que había florecido un verde plumero de plástico.



martes, 14 de junio de 2022

309. Patrimonio municipal

El patrimonio familiar lo constituyen los muebles, objetos y propiedades que cada familia va acumulando a lo largo de su vida. De la misma manera los pueblos van adquiriendo a lo largo de su historia y por decisión de los alcaldes y regidores un mobiliario urbano para facilitar la vida y la convivencia de los vecinos.
Cuando los padres mueren y los hijos se van, las casas se abandonan, se hace limpieza general y lo que sus antepasados habían reunido con no poco esfuerzo termina disperso o abandonado. Lo mismo sucede con el patrimonio municipal cuando es sustituido por modelos modernos; el antiguo se arrincona en un almacén donde termina oxidado, se malvende a un chatarrero o se tira directamente a la basura.
Esto viene a cuento porque el viejo reloj (y la campana que suena para dar las horas y las medias) instalado en el edificio de la plaza de la iglesia, forma parte de nuestro patrimonio aunque ya no funcione y haya sido sustituido por uno eléctrico. El ayuntamiento, con muy buen criterio, quiere conservar esta joya de la maquinaria antigua y ha llamada a un técnico para que lo desmonte y, posteriormente, vuelva a instalarlo como pieza de museo en un lugar digno y que todos podamos visitar. Formará parte del museo que se proyecta.

Aquí os muestro primero unas imágenes del reloj tal como estaba y otras en las que lo vemos hecho trozos para poder bajarlo desde lo alto del edificio donde estaba instalado. El técnico relojero Sebastián Aracil ha sido quien lo ha desmontado y quien volverá a poner cada pieza en su sitio si el proyecto sigue adelante.




Sebastián Aracil, relojero

Las piezas del reloj en la poyata de la plaza.









La pesa que movía la maquinaria que marcaba las horas. Había otra más pequeña para los minutos.
Son cilindros rellenos de cemento y de herraduras de caballería.





Los operarios del ayuntamiento que han bajado desde la buhardilla y no sin dificultad,
las numerosas piezas de las que está hecho el reloj














Otra pieza del patrimonio es esta lámpara del alumbrado público que se ha salvado de las que se instalaron en la calle principal del pueblo, los Adoquines, y en la plaza de la iglesia hacia 1930. Este ejemplar es donación de Gervasio Navas para el futuro museo municipal.


Una lámpara igual a la fotografiada estaba instalada en el edificio que albergaba
el transformador de la luz.
Esta conserva la tulipa de cristal blanco donde se alojaba la bombilla. Era el año 1965


La última pieza que muestro en esta entrada me la dejó el padre Santiago que en paz descanse. Estaba abandonada y, por supuesto, sin uso alguno. Consiste en una especie de tenazas de hierro que pesan casi siete kilos, con dos placas de cobre y se usaban para fabricar las obleas que el sacerdote y los fieles toman en la misa y en la comunión. Se calentaba al fuego, se ponía entre las placas un poco de masa blanca de harina, se cerraba el artilugio y, al abrirlo, aparecían las formas que luego se recortaban. Funciona igual que el aparato de hacer barquillos.