domingo, 18 de mayo de 2014

108.- La ola

Uno de los alicientes del día de la Virgen, las fiestas patronales de octubre, eran las atracciones de feria a las que todo el mundo las llamaba 'los cacharritos'. Durante muchos años, aquellos pocos cacharros (el columpio, la serena, las barquillas) se instalaban en la plaza de la iglesia. Cuando el pueblo se extendió hacia el oeste, hacia La Linde, el espacio del real de la feria se hizo mayor y así fue como llegaron primero la volaora y luego la ola.

En estos tiempos en los que se tiene todo, no se valora nada; pero en aquellos años, los de las posguerra y principios de los cincuenta, en los que nadie tenía nada, todo se valoraba. Eso fue lo que sucedió cuando el día de la Virgen del año 1955 llegó a La Linde una atracción nueva: la ola. Fue una revolución y todos mirábamos embobados cómo giraba aquel enorme artilugio. Era una atracción circular, como la serena, pero los asientos subían y bajaban, como una ola, a una velocidad que parecía de vértigo con un ruido infernal pues la plataforma estaba hecha de tablas. Para dar mayor emoción y peligro a la cosa, había unos asientos circulares o biombos que, al tiempo que se desplazaban, podían girar con la consiguiente emoción para los que allí iban. No era atracción para niños; era a los mocitos y mocitas, novios o no, a los que más les gustaba el trajín y el meneo y los achuchones y lo que encartara, durante el tiempo que la cosa giraba, subía y bajaba.

Mientras que para que se movieran los otros cacharros de la feria hacía falta que alguien los empujase, la ola se movía con un motor eléctrico. Si uno estaba en su casa, sabía cuándo arrancaba la atracción porque las bombillas casi se apagaban por el tirón de aquel potente motor que se llevaba él solo la mitad de la electricidad del pueblo.

La serena, como su nombre indica, se movía de manera pausada, tranquila, serena. Al principio solo tenía caballos de cartón fijos con una barra de hierro en los que se montaban chicos y grandes. Luego las serenas vinieron con cochecitos, coches de caballos, motos, aviones... y se llamaron baby.

Como se ve en las fotografías que os muestro, la ola y la serena fueron buenos escenarios para que grandes y chicos se hicieran la foto de recuerdo.

Trece mocitas vestidas de mantilla y peineta, bajo el rótulo de FIESTAS 1955, miran a la cámara que inmortaliza el momento. Detrás, bajo un toldo circular, está instalada la ola, aquella atracción tan novedosa.

Pepita, Mercedes y Mari



Sentados en la ola y atentos a la cámara están Hipólito, Cristina, Mari, Juan y Rosario.

Vestidos como para una boda y sentados en el coche de la serena vemos a Martín, Jaime, Jorge y Baltasar.

Anita, Juan José, Anita, Gregorio

Foto del caballito en la serena.

Ellas detrás, ellos delante.

Anita Cano e Isabelita de la 'Fabriquilla' en la serena.

Pepe Herrero y Herminia en la ola.

Maribel Soriano y Carlos María Vallejo.

Esperando el arranque de la ola.

El tricornio de un guardia civil asoma entre los que miran la ola.

Lara, Juan de la Fabriquilla, Miguel Nutrio, Paco el Rubio., 

Gustavo, Jaime y Jorge.

sábado, 10 de mayo de 2014

107.- Nicolás Morales

Ponerle el nombre de una persona a una calle, una plaza o una avenida es una de las maneras que tienen los pueblos nobles de mostrar su agradecimiento a quien se ha destacado en el servicio a la comunidad. Pero pasa el tiempo, la placa sigue donde la pusieron y llega un momento en el que las nuevas generaciones, si no se lo recordamos, no sabrán quién fue el de la placa ni por qué se la dedicaron.

(Me contaba Antonio Jiménez 'Veneno', en la pared de cuya casa está situada la placa de la que hablamos, que un día llegó un empleado del ayuntamiento para arrancar el rótulo de la calle y sustituirlo por uno de esos de cerámica que tan mal resultado están dando. Antonio se negó rotundamente al cambio y consiguió que permaneciera en su sitio esta placa de chapa cubierta de cerámica azul vidriada con letras blancas, gemela a la que había en la calle Inés Molina y que lamentablemente fue sustituida.)

Nicolás Morales Muñoz fue secretario del ayuntamiento de Villanueva del Rosario desde el 2 de enero de 1926 hasta el 31 de enero de 1936. A la llegada del nuevo secretario, cesó en el puesto que interinamente estaba ejerciendo Miguel Mérida Cebrián. La marcha de Nicolás Morales en 1936 se produjo mediante una permuta con el secretario de Benagalbón, Aurelio Marcos y Bartual, aunque éste nunca llegó a tomar posesión, ejerciendo desde entonces el cargo de secretario José Nateras, de quien hablaremos en otra entrada de la SAUCIPEDIA.

Durante diez difíciles años, Nicolás Morales cumplió fielmente con su promesa de "comportarse con fidelidad, lealtad y honradez en el cumplimiento de todas sus funciones". Cuando llegó el nuevo secretario, el año 1926, la corporación municipal estaba formada por Diego A. Carneros Gutiérrez, alcalde, y los concejales Diego Navas Navas, Manuel Vallejo Franco, José Nateras Navas, Juan Serrán Carneros, Manuel Díaz Díaz, Juan Rico Luque y Cristóbal Palma Cebrián. Cuando se produjo el cese de Nicolás Morales, en enero del 36, las cosas ya andaban muy revueltas y el ayuntamiento estaba regido por una Comisión Gestora formada por tres personas: Juan Ruiz Botello como alcalde, Manuel Vegas Godoy y Sebastián Moreno Ruiz como concejales.

Según consta en los pocos documentos que aún se conservan en el archivo municipal y según contaban algunas personas que lo conocieron, Nicolás Morales, que tenía amistades en Madrid, consiguió para el pueblo infraestructuras básicas que lo sacaron del atraso y el aislamiento en que hasta entonces había vivido. Durante aquellos años se construyó la carretera que nos acercó a la capital y a los pueblos de nuestro entorno; se edificó el grupo escolar, un edificio único y que ahí permanece inmutable; se hizo la primera acometida de agua potable desde el Bajo de Durán, se construyó el depósito y se instalaron varias fuentes en el casco urbano.
Por cierto que hace poco se ha reformado ese primer depósito, que está junto al cementerio, y en la reforma no han tenido el cuidado de conservar la placa que presidía la puerta de entrada en la que constaba la fecha de su construcción: 1934. Así se pierden las cosas.

El afán por las obras públicas de la dictadura de Primo de Rivera y el espíritu renovador de la República fueron aprovechadas por el secretario Nicolás Morales Muñoz para conseguir que Villanueva del Rosario estuviera dotado de unos servicios mínimas esenciales. Habrían de de pasar más de veinte durísimos años, con una guerra y una peor posguerra, para que el pueblo gozara de otra etapa de revolución en los servicios, coincidiendo con la alcaldía de Juan Molina.

Esta es la única fotografía que nos ha llegado de Nicolás Morales. Fue tomada en 1929 y se le ve sentado, trabajando en su despacho en el ayuntamiento junto a José Nateras.




Algunas imágenes de la calle del Secretario Nicolás Morales.








martes, 6 de mayo de 2014

106.- Niños de dos en dos

Las fotos de niños son un encanto. Como muestra del interés de MURRE por la infancia, aquí os propongo series de niños y niñas siempre de dos en dos. Han pasado muchos años y las caras han cambiado en proporción. Solo pongo el nombre; vosotros ponéis los apodos.

Mónica, mi hija,  y Eva hija de Dolores Vegas y Diego Repiso, en el cortijo Las Cocinas

Raquel, mi hija, y Manuel Jesús, mi sobrino, en la plaza de la iglesia

Clara de María Mateo y Mónica de la Pepa del Cele, de gitanas en la plaza de Abajo.
La calle que se al fondo es el Pecho de los Civiles.




Encarna y Antonio, hermanos, en el jardín de La Linde

José Antonio Cebollas y su hermana Mari en la puerta de su casa.

Candelaria y Juanita, hijas de Frasquillo con sendas muñecas.

Lola y José Antonio, hermanos, en el patio y con un perro.

Eloísa y Rafalita, hermanas, en una foto de feria.

Pepe y Félix, hermanos. Como debe ser, el mayor protege al menor echándole el brazo por el hombro.

Eulalia y Paco Palmares, hermanos, con fondo de colcha.

Juan y Pedro Colón, hermanos, en una foto de caballito.

Juan José Rufo y Pepa, hermanos, cogidos de la mano con fondo de otra colcha.

Pepa de Frasquito Huevos y Luis Miguel nieto de doña Enriqueta, en el jardín de su casa allá en el Cruce de Carreteras.

Pepa y Mari, amigas, paseando por la carretera.

Rosarito Godoy y una niña con lazo en foto sobre sillas.
Juan y Antonio Serrano, hermanos, en la puerta de su casa.
Manolo y Juan, amigos, en la puerta de la que ahora es mi casa dando por saco a las dos personas mayores que allí vivían.
Ahora somos nosotros los que tenemos que sufrir los pelotazos de los presuntos Messis y Ronaldos.
La historia se repite, gracias a Dios.

José Antonio y Eloísa María, hermanos e hijos de Laura y Pepe Follones, sentados en el escalón de su casa.

sábado, 3 de mayo de 2014

105.- Inés Molina Molina




¿Por qué hay una calle en el pueblo que lleva el nombre de Doña Inés Molina? ¿Quién fue esa mujer? Otra pregunta más: ¿por qué la calle Inés Molina se conoce también como la calle las caenas?

No son muchas las informaciones que he podido recoger sobre esta mujer; se sabe que era de una familia oriunda de Colmenar, como casi todos los que en el pueblo llevan el apellido Molina. Hace unos meses vino al pueblo una nieta de Inés Molina buscando información sobre su abuela; no tenían ninguna fotografía de ella pero sí me dejaron este retrato en el que aparecen: Antonia Carneros Podadera (nieta de Inés Molina), su marido, Juan López Molina y la hija de ambos, Antonia López Carneros (biznieta de Inés Molina).

Hace unos días recibí un correo de Pilar Liger, tataranieta de Inés Molina. Interesada por la vida e historia de su tatarabuela de la que yo hablaba en el MURRE, me aportó algunos datos sobre su familia que aquí reproduzco en parte.

"Mi abuela (la que aparece en la fotografía) me contó la donación de tierras que hizo su abuela (Inés Molina) para las escuelas, al igual que fue dueña de Los Moriscos. Mi abuela me decía que (Inés) fue muy criticada por la compra de esa casa e irse a vivir fuera del centro del pueblo (Colmenar), lo veían como un capricho...
También me contó de su padre que durante la guerra quisieron fusilarlo y gracias a una carta que escribieron gente que había trabajado para él en el campo lograron indultarlo; al parecer estaban muy agradecidos por su generosidad en tiempos tan difíciles.
Los descendientes de Inés anduvieron por toda esta zona, entre los cortijos Valdivia, Chacón, Robledo, El Encebro, Las Zorreras Bajas..."



A finales de los años 20 del siglo pasado (hace ya casi cien años) el Ministerio de Educación de Madrid aprobó la construcción en el pueblo de un grupo escolar. Parece ser que este centro iba destinado a otra localidad, pero las gestiones del por entonces secretario del ayuntamiento, don Nicolás Morales del que hablaremos en otro momento, consiguió que el edificio fuera para Villanueva del Rosario. (En otra entrada de este blog MURRE he hablado ya del Grupo Escolar.)

El caso es que esta mujer, Inés Molina, donó el terreno en el que está ubicado el magnífico edificio que ha sido nuestra escuela pública durante tantísimos años.

En esta antigua fotografía del pueblo se ve hasta dónde llegaban las casas. Abajo, a la izquierda se ve el puente del arroyo en construcción y el terreno vacío en el que sería edificado el grupo escolar.


En agradecimiento al gesto benefactor de esta mujer el ayuntamiento de entonces le puso su nombre a una calle. La asociación de padres y madres de los alumnos del colegio también lleva su nombre. En el cementerio municipal hemos encontrado el lugar en el que está enterrada Inés Molina Molina.



Acta de defunción de Inés Molina Molina

El hecho de que en el pueblo esta calle sea también conocida como calle las caenas, parece ser que proviene de algo que sucedió a mediados del del siglo pasado. En aquellos tiempos los mozos y las mocitas tenían la costumbre de celebrar fiestas (las llamaban juegos) en casas particulares en las que las parejas bailaban, como mucho, cogidos de la mano y siempre vigiladas por madres y abuelas, al son de aquellas canciones de coro ya casi olvidadas. El caso es que cuando las fiestas se organizaban en alguna casa de esta calle, a los 'señoritingos' de los adoquines y de las calles de arriba no los dejaban entrar porque eran más ligones; estos se quejaban diciendo: "En esta calle nos han puesto cadenas".

Como la memoria es flaca y el tiempo pasa tan deprisa y luego nadie se acuerda de nada, me he atrevido a hacer algunas fotografías de la última remodelación de esta calle, vía paralela a los adoquines y una de las calles mejor conservada y más tranquila de todo el casco urbano.