sábado, 11 de julio de 2026

567. Toponimia doméstica(1)

De la misma manera que Villanueva del Rosario mantiene el antiguo y primitivo nombre del Sauce(d)o, hay lugares, calles y parajes de nuestra geografía urbana que tienen un sobrenombre antiguo o puesto recientemente. Como lo normal que es que las cosas de antes (también estos nombres) tiendan a caer en olvido, aquí doy algunas explicaciones del origen de estos denominaciones tan nuestras.

1. Pecho de los civiles.
Coincide con el trazado de calle Carneros, la que baja desde plaza España, tuerce a la izquierda y llega hasta calle Arroyo. Como durante varias décadas el cuartel y viviendas de la Guardia Civil estuvieron en lo que era la Casa Grande, y que ahora ocupa el nuevo edificio del ayuntamiento, la gente llamó a esta calle en pendiente con el calificativo coloquial de Pecho de los civiles. El nombre 'pecho' tiene el valor de 'pendiente' y no aludía para nada al 'tórax' de los agentes de la Benemérita. Por cierto, la figura del guardia civil con tricornio, casaca verde y correajes negros, aunque temida y respetada, era familiar en la calle, en los bares y en todos los actos públicos, inauguraciones, procesiones y festejos. Ahora, ni se ven ni están.





2. Los cuatro cantillos.
Así se llamaba al asimétrico cruce que se produce entre las calles Carrera, la que baja desde la plaza de la iglesia y  calle Rocío. Según el diccionario de la RAE 'cantillo' es la esquina de un edificio, y en todo cruce hay cuatro esquinas, aunque en nuestro cantillo las calles no se crucen en perpendicular. En estos lugares de cruce suele haber negocios porque es paso obligado para mucha gente, y en nuestro Cuatro Cantillos hubo tiendas de ropa y de comestible, carnicería, bares, peluquería... y hasta una oficina de la Caja Rural.
Se ve que en una de esas esquinas de Dios sabe qué localidad, tenía su taller un sastre buenazo y simple, cuya generosa manera de gestionar la sastrería dio lugar a un refrán que se aplica a quien regenta un negocio ruinoso: El sastre del cantillo, que cosía de balde y ponía el hilo. Luego, alguien dijo que la sastrería estaba en Campillos. Es mentira, estaba en una esquina, en un cantillo: solo es cuestión de rima entre 'cantillo' y 'Campillos'.











Curiosa imagen: la cuadratura del círculo.

3. La calle de las cadenas.
La actual Calle Inés Molina se llamaba antiguamente calle Buenavista. Es una calle larga, bastante llana, en la que vivían familias de medio pelo: ni tan de postín como las de calle Granada, actual calle Adoquines, ni tan de gente más pobre como eran los que vivían en el Arroyo. Con motivo de las festividades de La Pascua, Semana Santa, san Juan o el día de la Virgen, se organizaban reuniones en alguna casa particular para que la juventud pudiera bailar, beber alguna copa de aguardiente y así conocerse para iniciar una noviería. Estas reuniones de baile y cante, sin orquesta ni música, danzando al ritmo de antiguas canciones, las llamaban 'juegos'.

El caso es que que cuando organizaban una fiesta los mocitos y las mocitas de las calles del centro (Plaza de la Constitución Calle Granada, calle Carrera...) no dejaban entrar a los jóvenes de otras calles. Como revancha, los de la calle Inés Molina organizaron sus propios juegos festivos y pusieron vigilantes por las bocacalles para que los de arriba no pudieran participar en sus juegos. Y los que tenían gana de fiesta y no podían asistir dijeron: "Nos han puesto ca(d)enas", y de ahí viene el nombre de la calle de las Cadenas.













Final de calle Inés Molina: Pecho del Grupo en obras.



Pasaje de Los Arcos





martes, 7 de julio de 2026

561. ¡Me tienes frita y achicharrá!

 El habla coloquial es el nivel de la lengua que empleamos para conversar en familia, en el trato con las personas en la calle y en cualquier circunstancia que no exija un lenguaje más cuidado. La lengua del coloquio es directa, vehemente, muy expresiva, enfática y, como los interlocutores están cara a cara, siempre va acompañada de gestos redundantes que apoyan lo que los hablantes quieren decir. Pero el paso del tiempo, el abandono de la calle como lugar de encuentro y la adopción de hábitos sociales que no favorecen la comunicación directa entre personas, han ocasionado que el rico repertorio de frases y expresiones que salpicaban el habla coloquial vaya desapareciendo. Aunque el habla coloquial se haya empobrecido hay expresiones que siguen vivas.

Hoy os comento dos giros idiomáticos muy nuestros y que, a mi parecer, siguen vivitos y coleando.

¿Quién no ha oído decir la expresión "¡Me tienes frita y achicharrá!" emitida cuando la mujer está harta de algún comportamiento inadecuado del hijo o del marido o de quien sea? Normalmente esta queja desgarrada va precedida de un preámbulo que dice siempre así: "Es que..." La que emite este desgarrado grito de alarma es siempre una mujer porque los adjetivos van en femenino. La desesperada situación de esta mujer es doblemente dolorosa pues emplea dos adjetivos que muestran a las claras que alguien le está friendo la sangre en demasía: además de frita, achicharrá.

Otro giro idiomático muy nuestro, también en boca de una mujer, es este que se dice con la entonación cantarina del habla saucedeña. "¡Ay, chiquilla! Mirá, mujé". Se usa para expresar extrañeza, consternación ante una noticia inesperada. Equivaldría al académico ¡No me digas! En el diminutivo chiquilla la i se alarga hasta un chiquiiiiilla prolongado a conciencia. La segunda parte del giro, Mirá, mujé se precipita hasta llegar al gesto tan femenino de pisarse el labio, al tiempo que la mano derecha acoge como en un nido la barbilla.

Habla y gesto. Comunicación en vivo. Es lo más cierto: hablando se entiende la gente.

lunes, 6 de julio de 2026

560. Algo es algo

 Ya que el Museo Arqueológico no va ni para largo, el ayuntamiento ha colocado una vitrina y media en el Hogar del Jubilado donde he guardado algunas piezas de lo que (aolaíta) pudiera formar parte del futuro Museo Etnográfico. He hecho unas fotos, aquí os las muestro, no hago comentarios, no me quejo pero así están las cosas.

La gente de fuera o del pueblo que acude al Hogar a tomarse un café o una cerveza porque todos los bares del Sauceo están cerrados, ven las cosas antiguas que allí se exponen, dicen "qué bien" y todos desean un lugar más amplio y digno en el que guardar este legado de nuestros antepasados.


















domingo, 5 de julio de 2026

559. Camino de las Tres piedras

Camino de Las Tres Piedras

Las Tres Piedras es (era) uno de los molinos harineros más importante de nuestro pueblo. Para llegar a este cortijo-molino hemos de bajar por calle Molinos, seguir la ruta que discurre por la margen derecha del arroyo de La Canaleja y pasar bajo el puente a través del túnel por el que pasa este camino. A unos cien metros del puente nos desviamos a la izquierda y, entre un huerto fértil plantado sobre un antiguo basurero y la Guardería Infantil, se inicia el corto paseo que nos lleva al molino.

Atravesamos el arroyo de la Canaleja por un puente construido no hace mucho tiempo y enseguida aparecen las viviendas de una reciente urbanización con espléndidas casas y mejores vistas. A la derecha quedan la antigua Huerta Africana y el cortijo de Gachas. Una alameda marca el curso del arroyo. Al trasponer una pequeña loma aparece el molino de Las tres piedras, a la sombra de un centenario nogal y rodeado el lugar de espléndidos álamos negros que bordean el río del Cerezo. Durante un tiempo, en una nave aneja de construida hacia 1960 y que primero fue criadero de pollos, en este molino funcionó un afamado restaurante, ahora medio en ruinas tras una riada.

El molino de Las Tres Piedras debe su nombre a que contaba con tres rodeznos que podían mover a la vez tres piedras de molienda. Las muelas y toda la maquinaria han desaparecido, pero en el interior de lo que fue el molino se conserva un viejo alternador que, movido por el agua, fue una ‘fábrica de luz’ de las tres que se surtieron al pueblo de electricidad a principios del siglo XX.

Sobre el río Cerezo hay un puente y el camino sigue hasta la carretera comarcal que nos lleva a la Venta de Las Delicias, la Gasolinera y La Sabina, todo esto ya en el término municipal de Antequera. El río Cerezo marca la linde entre el Rosario y el desaforado término de la ciudad del Torcal.


De este recorrido os muestro varias fotografías sin comentario.


El camino




















El molino











El cao










viernes, 10 de abril de 2026

557. Censo 1924: Oficios (2)

En el censo del año 1924 aparecen cuatro personas con la titulación de Magisterio: dos maestros, una maestra y una maestra jubilada. Todos son oriundos de otros pueblos. Los Nateras eran de Pruna (Sevilla) y se afincaron en el Rosario y de ellos provienen el que fue secretario del Ayuntamiento, Pepe Nateras, padre de Irene y Alejandro. Es curioso el apellido del maestro oriundo de Álora: Bootello.
Hasta que a principios de los años 40 no se inaugurara el Grupo Escolar en el pueblo había dos clases: una de niñas y dos de niños, y con eso bastaba porque ir a la escuela era un lujo y un privilegio que no todas las familias se podían permitir. La escuela de los niños estaba en el edificio del reloj y la de las niñas en el edificio que ahora ocupa Unicaja. Allí estaban también las viviendas de los maestros. El lugar del recreo de los niños y de las niñas era la plaza de la iglesia.

MAESTROS
Fernando Bootello Romero (de Álora), plaza Constitución
Francisca Nateras Mérida (maestra jubilada, de Pruna, Sevilla)), plaza Constitución
Dolores Ordóñez Benítez (de Cuevas del Becerro), calle Carrera
José Nateras Mérida (de Pruna, Sevilla), calle Carrera

El año 1924 había un médico y era del pueblo, de la poderosa familia de Carneros y Molina. El señorito del pueblo que mandó construir la casa grande era un Carneros. Su mujer Inés Molina, que provenía del Colmenar, fue la que donó el terreno para construir el Grupo Escolar. En agradecimiento a esta donación el ayuntamiento puso su nombre a una calle, conocida también como la calle de la Cadenas, y que hasta entonces había sido la calle Buenavista.

MÉDICO: José Carneros Molina, calle Carrera

Una profesión muy prestigiosa y necesaria era la de albañil, oficio antiguamente llamado alarife. En el pueblo había varias familias de albañiles: Nateras, Godoy, Corrales, Valencia...

ALBAÑILES
Francisco Nateras Navas, plaza Constitución
José Valencia Vegas, plaza Constitución
José Valencia Mérida, plaza Constitución
Francisco Ortigosa Godoy, calle Iglesia
Antonio Nateras Navas, calle Carrera
Antonio Pérez Carneros, calle Carrera
Antonio Nateras Palma, calle Alfonso XIII
Marcos Nateras Navas, plaza Carneros
Juan Ruiz Botello, calle Molinos
Diego Ruiz Navas, calle Molinos
Miguel Ruiz Botello, calle Molinos
Francisco Godoy Mérida, calle Caño

En las anotaciones del censo de 1924 aparece un joven que estudia en seminario para ser cura. No sabemos si llegó a ser sacerdote.

SEMINARISTA
José Martín Luque, calle Carrera

El único vecino que aparece con el oficio de escribiente es Pepe Vallejo Franco, padre de José Vallejo Corrales, que luego llegaría a ser juez de paz y vivió en la plazoleta que desde entonces la conocemos como la del juez.

ESCRIBIENTE
José Vallejo Franco, calle Alfonso XIII

Pocos niños y jóvenes estudiaban entonces. Los niños, apenas tenían diez años, los sacaban de la escuela y los mandaban a cuidar guarros, a ayudar en el campo y así aportar algo a a la economía doméstica. Las niñas, lo mismo. El índice de analfabetismo era elevadísimo. En este censo de 1924 solo parecen tres estudiantes y son hermanos.

ESTUDIANTES
Diego Bermúdez Ordoñez, calle Carrera
Antonio Bermúdez Ordóñez, calle Carrera
Félix Bermúdez Ordoñez, calle Carrera

Un oficio imprescindible para la vida de los pueblos era la de carpintero. Hacían muebles, aperos de labranza como ubios y arados, puertas, ventanas para las casas y hasta los ataúdes para los muertos.

CARPINTEROS
Juan Ruiz Serrán, plaza Constitución
José Ruiz Díaz, calle Iglesia
José Vegas Navas, calle Iglesia
Manuel Díaz Díaz, calle Carrera
Rafael Corrales Sánchez, calle Carrera
José Serrán Fernández, calle Carneros
Ramón Corrales Velasco, calle Carneros
Rafael Fernández Bonilla, calle Fuente
Francisco Repiso Rico, Huerta del Moruno

Un oficio exclusivo y bien pagado era el de guarda que vigilaba el ganado, la caza y los sembrados; siempre estaban al servicio de los dueños de fincas.

PEATÓN GUARDA
Juan Cebrián Galeote, calle Granada

Los empleados trabajaban en algún negocio como dependientes.

EMPLEADOS
José Rodríguez Navas, plaza Carneros
Antonio Podadera Ortiz, plaza Carneros
Manuel Carneros González, calle Posadas

Para que un pueblo tenga parroquia hace falta que haya un cura párroco que atienda los oficios religiosos: bautizos, bodas, misas, entierros, extramaunciones... Habría que hacer una lista de los curas que hemos tenido desde el año 1760 en el que se inauguró la iglesia parroquial. Los libros donde podríamos encontrar sus nombres se quemaron en la plaza de la iglesia el año 1936.

CURA
Antonio González Montesinos (de Benahavís), calle Alfonso XIII

El secretario era el funcionario que se mantenía en el ayuntamiento aunque los alcaldes cambiaran. Este Miguel Mérida tenía el apodo de Gazpirre.

SECRETARIO
Miguel Mérida Cebrián, calle Posadas

No había entonces ninguna peluquería de mujeres, porque estas se arreglaban los pelos unas a otras. Barberos sí había muchos y, además de pelar a la gente y arreglarles las barbas a los que las tenían, sacaban dientes, arreglaban relojes y ponían inyecciones.

BARBEROS
José Podadera Bueno, calle Granada
Celedonio Vallejo Franco, calle Alfonso XIII
José Vallejo Fernández,  calle Alfonso XIII