sábado, 3 de mayo de 2014

105. Inés Molina Molina




¿Por qué hay una calle en el pueblo que lleva el nombre de Doña Inés Molina? ¿Quién fue esa mujer? Otra pregunta más: ¿por qué la calle Inés Molina se conoce también como la calle las caenas?
No son muchas las informaciones que he podido recoger sobre esta mujer; se sabe que era de una familia oriunda de Colmenar, como casi todos los que en el pueblo llevan el apellido Molina. Hace unos meses vino al pueblo una nieta de Inés Molina buscando información sobre su abuela; no tenían ninguna fotografía de ella pero sí me dejaron este retrato en el que aparece su hija y su nieta.


A finales de los años 20 del siglo pasado (hace ya casi cien años) el Ministerio de Educación de Madrid aprobó la construcción en el pueblo de un grupo escolar. Parece ser que este centro iba destinado a otra localidad pero las gestiones del por entonces secretario del ayuntamiento, don Nicolás Morales del que hablaremos en otro momento, consiguió que el edificio fuera para Villanueva del Rosario. (En otra entrada de este blog MURRE he hablado ya del Grupo Escolar.)
El caso es que esta mujer, Inés Molina, donó el terreno en el que está ubicado el magnífico edificio que ha sido nuestra escuela pública durante tantísimos años.
En esta antigua fotografía del pueblo se ve hasta dónde llegaban las casas. Abajo, a la izquierda se ve el puente del arroyo en construcción y el terreno vacío en el que sería edificado el grupo escolar.


En agradecimiento al gesto benefactor de esta mujer el ayuntamiento de entonces le puso su nombre a una calle. La asociación de padres y madres de los alumnos del colegio también lleva su nombre. En el cementerio municipal hemos encontrado el lugar en el que está enterrada Inés Molina Molina.




El hecho de que en el pueblo esta calle sea también conocida como calle las caenas, parece ser que proviene de algo que sucedió a mediados del del siglo pasado. En aquellos tiempos los mozos y las mocitas tenían la costumbre de celebrar fiestas (las llamaban juegos) en casas particulares en las que las parejas bailaban, como mucho cogidos de la mano y siempre vigiladas por madres y abuelas, al son de aquellas canciones de coro ya casi olvidadas. El caso es que cuando las fiestas se organizaban en alguna casa de esta calle, a los 'señoritingos' de los adoquines y de las calles de arriba no los dejaban entrar porque eran más ligones; estos se quejaban diciendo: "En esta calle nos han puesto cadenas".


Como la memoria es flaca y el tiempo pasa tan deprisa y luego nadie se acuerda de nada, me he atrevido a hacer algunas fotografías de la última remodelación de esta calle, vía paralela a los adoquines y una de las calles mejor conservada y más tranquila de todo el casco urbano.
















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