martes, 30 de enero de 2018

262.- ¿Tagarnina o tagardina?

Tagardinas de mi cosecha. Basta con esparcir la semilla y esperar que se hagan grandes sin que se pongan duras.




Los platos típicos saucedeños que se hacen con tagardinas son: la tortilla, el guisillo o en la olla.





Villanueva del Rosario celebra en los inicios de cada primavera la Fiesta de la tagarnina, un acontecimiento declarado de interés turístico en la provincia de Málaga. La verdad es que fue un acierto hacerle un homenaje a esta sencilla planta silvestre, la tagarnina, que, junto con los espárragos y las setas, forman el trío de nuestra gastronomía más tradicional.

No somos originales en este tema pues hay otros lugares de la geografía española en los que también se celebran fiestas en torno a la tagarnina: Fiesta del espárrago y la tagarnina en Alconchel (Badajoz); la Semana de la tagarnina en Chiclana; la Tagarniná de Los Barrios; Día del cardillo en San Pedro de Latarce (Valladolid)… Sea como sea,  la fiesta de tagarnina es nuestra fiesta y entre todos debemos procurar que prospere y perdure durante muchos años.

Si buscamos en el diccionario etimológico de Corominas la voz tagarnina, lo primero que nos dice es su nombre científico: scolymus hispanicus y luego nos remite a la raíz carlina, una deformación mozárabe de cardina, palabra que claramente deriva del latín cardus (cardo). Se mire por donde se mire, las tagarninas son cardos. La prueba está en que el nombre más frecuente de esta planta en castellano es el de cardillo (42%), seguido de tagarnina (18%), cardo (11%) cardo de olla (9%)y casi en último lugar aparece nuestra denominación popular: tagardina con solo un 3%. Somos pocos los hispanohablantes que hemos optado por esta denominación.

Voy a hacer un poco de lingüista, que es lo que soy. Según mi criterio, la forma tagardina se acerca más a la raíz cardo, que la castellana tagarnina, considerada más correcta.

Lo primero que choca en estas dos palabras es esa ta- inicial. Según Corominas, es un artículo bereber que se antepuso en el árabe hispano, pero si quitásemos el ta en este par de palabras nos encontraríamos con (ta)garnina o (ta)gardina.  Estas dos formas, garnina y gardina, proceden a su vez de cardinus derivado de cardus ‘cardo’ por lo que podemos afirmar que nuestra palabra tagardina, con d, tiene más razón de ser etimológica que tagarnina, con esa extraña n que no viene a cuento.

Mi propuesta es que la fiesta sea de la TAGARDINA, como aquí decimos y que a mi juicio es como debiera decirse.

Dos apuntes más: a las tagardinas, esas humildes plantas silvestres que siempre han abundado en eriales y tierras sin cultivar de Hondoneros, les corre mal aire porque se han cortado sistemáticamente sin darles opción a que se suban y puedan reproducirse, y porque el abuso de herbicidas ha diezmado la flora (y fauna) silvestre de nuestro entorno. Las tagardinas que se consumen en nuestra fiesta, en su mayoría son importadas, se han traído de lejos porque aquí apenas hay. Una solución sería cultivarlas: son magníficas y el laboreo es la mar de sencillo.

El segundo apunte es que me gustaría recordar un pasaje del Quijote en el que se habla de la tagarnina. Si como me temo no han leído ni la primera ni la segunda parte de tan inmortal libro, háganme el favor de leer al menos este fragmento que les propongo. Verán que es divertido e instructivo y cómo cobra sentido la expresión: "Este guisillo de tagardinas está de puta madre".

Casi al final del capítulo XIII de la Segunda Parte, mientras comen, Sancho y el escudero del Caballero del Bosque dialogan y hablan de sus cosas.

Comió Sancho sin hacerse de rogar, y tragaba a escuras bocados de nudos de suelta, y dijo:
-Vuesa merced sí que es escudero fiel y legal, moliente y corriente, magnífico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha venido aquí por arte de encantamiento, parécelo a lo menos, y no como yo, mezquino y malaventurado, que solo traigo en mis alforjas un poco de queso tan duro, que pueden descalabrar con ello a un gigante, a quien hacen compañía cuatro docenas de algarrobas y otras tantas de avellanas y nueces, mercedes a la estrecheza de mi dueño, y a la opinión que tiene y orden que guarda de que los caballeros andantes no se han de mantener y sustentar sino con frutas secas y con las yerbas del campo.
-Por mi fe, hermano, -replicó el del Bosque- que yo no tengo hecho el estómago a tagarninas, ni a piruétanos, ni a raíces de los montes: allá se lo hayan con sus opiniones y leyes caballerescas nuestros amos, y coman lo que ellos mandaren; fiambreras traigo, y esta bota colgando del arzón de la silla por sí o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que le dé mil besos y mil abrazos.
Y diciendo esto se la puso en las manos de Sancho, el cual empinándola puesta a la boca estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y en acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado, y dando un gran suspiro dijo:
-¡Oh, hideputa bellaco, y como es católico!
-Veis ahí -dijo el del Bosque en oyendo el hideputa de Sancho- como habéis alabado ese vino llamándolo hideputa.
-Digo -respondió Sancho- que confieso que conozco que no es deshonra llamar hijo de puta a nadie cuando cae debajo del entendimiento de alabarle.

Ya al comienzo de este capítulo XIII estos dos escuderos habían tenido sus más y sus menos sobre si decir hijo de puta de alguien era ofensa o alabanza.

-Real y verdaderamente -dijo el del Bosque- que tengo propuesto y determinado de dejar estas borracherías de estos caballeros, y retirarme a mi aldea, y criar mis hijitos; que tengo tres como tres orientales perlas.
-Dos tengo yo –dijo Sancho- que se pueden presentar al papa en persona, especialmente una muchacha, a quien crío para condesa si Dios fuese servido, aunque a pesar de su madre.
-¿Y qué edad tiene esa señora que se cría para condesa?-preguntó el del Bosque.
-Quince años, dos más o menos, -respondió Sancho-; pero es tan grande como una lanza, y tan fresca como una mañana de abril, y tiene una fuerza de un ganapán.
-Partes son esas –respondió el del Bosque- no solo para ser condesa, sino para ser ninfa del verde bosque. ¡Oh, hideputa puta, y qué rejo debe de tener la bellaca!
A lo que respondió Sancho algo mohíno:
-Ni ella es puta ni lo fue su madre, ni lo será ninguna de las dos, Dios queriendo, mientras yo viviere: y háblese más comedidamente, que para haberse criado vuesa merced entre caballeros andantes, que son la misma cortesía, no me parecen muy concertadas esas palabras.
-¡Oh, qué mal se le entiende a vuesa merced –replicó el del Bosque- de achaques de alabanzas, señor escudero. Cómo, ¿y no sabe que cuando algún caballero da una buena lanzada al toro en la plaza, o cuando alguna persona hace alguna cosa bien hecha, suele decir el vulgo: oh, hideputa puto, y qué bien lo ha hecho? Y aquello que parece vituperio en aquel término, es alabanza notable: y renegad vos, señor, de los hijos o hijas que no hacen obras que merezcan se les den a sus padres loores semejantes.
-Sí reniego –respondió Sancho- y de ese modo y por esa misma razón podía echar vuesa merced a mí y a mis hijos y a mi mujer toda una putería encima, porque todo cuanto hacen y dicen son extremos dignos de semejantes alabanzas.

2 comentarios:

  1. Bravo Don Francisco. Me ha encantado leerle.

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  2. Gracias por seguir este murre nuestro de cada día. Insisto en mi empeño en que la fiesta, multitudinaria y animadísima, que hemos hecho en torno a este cardo comestible y exquisito, sea denominada la Fiesta o el Día de la tagardina.
    En tu comentario no aparece tu nombre pero seguro que conoces nuestra forma de hablar. ¿Has oído alguna vez en nuestro pueblo que alguien diga :mañana voy a ir buscar tagarninas? Lo de que "ir por etas" vaya cambiando en "ir por setas" puede tolerarse; pero renegar de una palabra tan nuestra, y etimológicamente correcta, yo no lo consiento.

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