sábado, 14 de junio de 2014

113. Más se perdió en Cuba

Más se perdió en Cuba es una frase que se emplea cuando se quiere quitar dramatismo a alguna pérdida, daño o quebranto. Este dicho nació a partir del desastre de 1898, fecha en que España perdió Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Cuando se supo la noticia de la derrota, el pueblo español apenas se inmutó a pesar de que


supuso la desaparición de los últimos restos del imperio colonial español.
Fueron muchos los saucedeños  que tuvieron que ir como soldados a defender las colonias, como también lo harían en la inminente guerra de África, lugares lejanos en los que transcurrieron muchas historias y dramas personales que el tiempo ha ido borrando.
En memoria de aquellos jóvenes aquí recuerdo algunas vivencias de paisanos o familiares que de una u otra manera están relacionadas con Cuba.


El Mocho
En realidad se llamaba Juan Navas Bueno y era abuelo materno de nuestro paisano Cristóbal Ramos Ortiz, que es ‘Correo’ por parte de padre y ‘Mocho’ por parte de la madre.
Al ‘Mocho’ no se le había perdido nada en Cuba y cuando lo llamaron a filas, en un alarde de miedo y a la vez de valor, no se le ocurrió otra cosa que coger un hacha y de un certero corte se amputó el dedo índice de la mano derecha, que es el que se utiliza para apretar el gatillo. Así fue cómo se libró de ir a esta guerra en ultramar.
A pesar de haber sido declarado inútil como soldado, se las ingenió para ser nombrado guarda jurado en los cortijos del Turco y el Paraíso, manejando en este oficio una escopeta del tipo tercerola, un tercio más pequeña que la escopeta normal pues era la que utilizaba la caballería.
También fue un hábil picapedrero y, según me han contado, talló las dos pilas que hay en la Fuente Vieja, así como las de los  Pozos de Málaga y las Pilas del Señorito.
Según dicen, en los últimos años de su vida se le había ido la cabeza e iba a la casa de sus hijos siempre a la hora de comer. Cuando le preguntaban si había almorzado, él siempre respondía que no; se ve que no estaba tan loco. Cogía una cuchara y acompañaba a los comensales en lo que hubiera de comer, la mayoría de las veces una triste ración de acemite, un potaje a base de trigo tostado y medio molido.

El 'Mocho' con el uniforme de guarda y su mano derecha sin dedo índice.

 Imágenes de las pilas de la Fuente Vieja que, según cuentan, fueron talladas por Juan Bueno 'El Mocho'.



El círculo con agua es el hoyo que, con el paso del tiempo, hicieron los cántaros que se depositaban sobre la piedra.
Juanillo Escobeo
Juan Escobedo fue otro vecino de Villanueva del Rosario que sí había estado luchando en la guerra de Cuba, allá por 1898, y aunque era analfabeto se distinguió como buen soldado y lo ascendieron. Tras la derrota de España en aquella desdichada guerra, Escobedo fue repatriado junto con los miles de soldados que habían sobrevivido a las diarreas, a las balas y a la derrota.
Pasados unos años le llegó a Juan  el nombramiento de suboficial y, junto con los papeles que lo acreditaban, recibió un traje de sargento con sus galones y su gorra. Escobeo pensaba que en el pueblo iba a tener pocas ocasiones para lucir aquel uniforme.
Un día, él y el padre de Paco Tedoro, que eran muy amigos y buenos aficionados a la cacería, quedaron en ir de caza. A la mañana siguiente, bien temprano, se presenta Tedoro en casa de Escobeo, llama y, al cabo de unos minutos, se abre la puerta y aparece su compañero de caza en cueros vivos. (Paco me comentó que, según su padre, Juanillo Escobedo tenía un pene así de largo.)
-Venga, arréglate ya, que se nos va a hacer tarde para la cacería –le dijo Tedoro.
-Espérate, que enseguida me visto.
Al poco rato aparece el Escobeo con la escopeta al hombro y vestido con su traje de militar.
-¿Pero dónde vas vestido de sargento? Ni que fueras a un desfile –le comentó Tedoro.
-Es que si no me lo pongo ahora ¿cuándo crees tú que yo voy a romper este traje?
Y de esta guisa salió de caza la pareja: uno de paisano y el otro con su flamante uniforme de sargento.


Pedro Álvarez Gutiérrez
Era mi abuelo paterno y había nacido en 1975. Llamado a filas a los 19 años, el 25 de agosto de 1895 embarca en Cádiz a bordo del vapor Buenos Aires con destino a la isla de Cuba, desembarcando en la Habana el 8 de septiembre. Al día siguiente sale para Trinidad. En el expediente que relata sus andanzas americanas hay una nota curiosa: al llegar a Cuba se le reclaman tres pesos por diferencia en su primera puesta de indumentaria.
En Trinidad participa en operaciones de campaña. Trasladado a Manzanillo participa en los combates contra los insurrectos en diversas localidades y enfrentamientos.
El 11 de mayo sigue en Manzanillo en defensa de la plaza y asiste a los bombardeos de que fue objeto la misma por la Escuadra Americana el 30 de junio, el 18 de julio y los días 12 y 13 de agosto. Al mismo tiempo que luchaban contra la escuadra estadounidense, los soldados españoles hacían frente a las partidas de insurrectos cubanos.
El 10 de octubre de 1898 embarca en el vapor Puerto Rico con dirección a Cienfuegos donde llega el 12.
Tras la derrota de los españoles, el 17 de enero de 1899 embarcó en un vapor y llega a Cádiz el 4 de febrero. A los tres días de su llegada, ya está en Antequera con su familia.

Todos estos datos los he sacado de la documentación en la que mi abuelo Pedro (¿de ahí nos vendrá lo de pedrines?) reclama al gobierno una pensión por las heridas recibidas en combate. La petición  le fue denegada. Murió en agosto de 1945 a los setenta años de edad.

Mi abuelo paterno Pedro Álvarez Gutiérrez

Fotocopia de dos páginas del expediente militar de Pedro Álvarez Gutiérrez.



1 comentario:

  1. Es realmente apasionante y conmovedor haber podido conocer las vivencias de mi tatarabuelo a través de este blog. Muchas gracias por la gran labor. Christian.

    ResponderEliminar