Fotografías tomadas por José Nateras a mediados de los años 20 del siglo pasado
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| La siega junto al Guadalhorce. El Chamizo tras los álamos. |
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| Trillando en las eras de Los Llanos. Al fondo se ven Las Buitreras y La Breña: en medio, el puerto del Lobo. |
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| Aventando en las eras de abajo. El camino lleva al molino de Las tres piedras. El Puerto de las Fresnedas a lo lejos. |
Tradicionalmente en los campos de nuestro pueblo, aparte de los olivares que cubren la mayor parte de término y algunas fanegas dedicadas a los garbanzos o la matalahúga, lo que más se sembraba eran los cereales: trigo y cebada.
Hasta la llegada de la maquinaria agrícola, todas las faenas del campo (arado, siembra, abonado, eliminación de hierbas, siega, barcina, trilla...) habían de hacerse a mano y con la ayuda de las bestias. Coincidiendo con la época de más calor llegaba el momento de cosechar lo sembrado, ‘sacar el agosto’, que eran las labores más duras y fatigosas.
La cosecha del 'pejuar' comenzaba con la siega. El segador, tocado con un sombrero, iba cortando con la hoz los haces de trigo o cebada con los que formaba las gavillas; éstas se barcinaban a lomos de las caballerías, sujetas con cuerdas sobre las angarillas, hasta la era donde se extendían sobre el empedrado para formar la parva. Los cascos de los mulos y las ruedas de los rulos trillaban el trigo o la cebada hasta conseguir que el grano se separase de las espigas. Por las tardes, cuando corría el viento, se aventaba la parva con bieldos y palas hasta conseguir que quedase a un lado el tamo y la paja, y a otro los granos ya limpios. Una vez amontonado el grano, se medía por fanegas o cuartillas y se iba metiendo en costales para llevarlos hasta las cámaras de las casas donde se vaciaban en los ‘atrojes’. La paja se guardaba en los pajares y servía de alimentación para el ganado.
Las máquinas trilladoras primero, y las cosechadoras después, revolucionaron las faenas de recolección reduciendo el tiempo y el esfuerzo, liberando al hombre de este trabajo tan duro y sacrificado.
De aquellas labores ya sólo queda el recuerdo en la memoria de los mayores. Los aperos sirven de adorno en las casas o son piezas de museo etnográfico. Estas imágenes sirvan de recuerdo de aquellos duros tiempos.
Fotografías tomadas por José Repiso y por mí hace ya unas décadas
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| Segando el trigo |
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| Los hijos de Celestino en la barcina |
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| Frasquito el de las Fresnedas trillando |
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| Una trilladora mecánica en los setenta |







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