domingo, 12 de octubre de 2014

133.- Rafalito Julián

El último alcalde de Villanueva del Rosario durante la época de Franco fue Rafalito Julián, cuyo nombre completo y sin apodo era Rafael Navas García.

Como podemos comprobar en las fotos, el físico de Rafalito (nariz prominente, frente amplia, pelo ondulado, gesto normalmente serio pero de sonrisa amplia) era inseparable del cigarro que a ratos lo llevaba entre sus dedos amarillos de nicotina, pero las más de las veces lo tenía entre los labios, lo que le obligaba a guiñar un ojo por mor del humo que le subía como niebla que levanta.

Gran aficionado a la música, su primer instrumento fue el laúd y lo tocaba muy bien; junto con Dieguito el del Teléfono, su hermano Ricardo, Enrique el electricista y Heliodoro formaron una rondalla. Más adelante fue músico trompetista de la banda municipal que se reorganizó hacia 1948.

A pesar de tener un carácter poco afable (su descendencia da fe del poder de los genes) se las ingeniaba para meterse en cuanto trapicheo o negocio en el que pensaba que pudiera haber un duro de ganancia.

En la misma casa en la que después montaría la taberna, trabajó con su padre en una tienda. También tenía algunas tierras de olivos y otras con almendros, y los de mi edad recordarán a Rafalito controlando, como tuerto con dos canastas, a los mozuelos que partían almendras para ganarse unos duros, que luego gastarían el Día de la Virgen; vigilaba a los que partían las almendras amargas pero sin perder de vista a algunos privilegiados que partían las dulces, en un intento de evitar lo inevitable: que se comieran alguna.

Rafalito le metía mano a todo trato o venta en el que pudiera atisbar algún beneficio. Cuenta su hijo Rodolfo que una vez le compró un borrico a un gitano con la intención de revenderlo y ganarse algo. Al día siguiente se presenta Pepe el Gamba, que ejercía de tratante, para enseñarle el burro a un presunto comprador de Casabermeja; para demostrar que el animal estaba fuerte y sano lo llevaron a todo galope por los Adoquines desde la Linde hasta Fuente Vieja: de jinete Rafalito, el Gamba arreándolo y, detrás, el de Casabermeja. Superó la prueba el pobre animal, se hizo el trato y partió el hombre hacia su pueblo montado en su burro recién comprado. Cuando jumento y amo iban llegando al Puerto de las Pedrizas, el animal cayó redondo al suelo, estiró la pata y, sin más, se murió. Se vuelve el desconsolado hombre andando hasta el pueblo y busca de Rafalito para explicarle el caso y reclamar el dinero gastado en la malograda compra. Después de muchas copas y no pocas discusiones, en las que interviene Gamba el tratante, se concluyó que el culpable del engaño era el gitano que vendió el burro a Rafalito sabiendas de que era viejo y, como este se había quitado de en medio, partieron las pérdidas y así quedó la cosa.

Además de la agricultura, la tienda y el bar, Rafalito regentaba una pequeña armería en la que vendía munición y escopetas a los cazadores; también tenía permiso para guardar en su casa un pequeño polvorín, con pólvora y detonantes con que rellenaba cartuchos de caza reutilizados. Vendió juguetes, fue representante de vinos y licores, así como de la casa Citroen, de cuya marca consiguió vender en el pueblo media docena de automóviles.

En el mismo bar tenía un apartado convertido en despacho en el que sellaba los boletos de las quinielas. Alquilaba la única mesa de billar del pueblo a jugadores para que hicieran sus carambolas o se apostasen los dineros. En toda feria o festejo que se organizara en los alrededores del pueblo (Carboneras, Cerro Limón, La Fuente de la Yedra, Villanueva de Cauche…) Rafalito montaba un tinglado con palos y cañizos, plantaba un bar y, si era posible, contrataba músicos que amenizaran el cotarro.

Yo lo conocí siempre en el bar. Al establecimiento se accedía por una puerta de cristales; a la izquierda estaba el mostrador, altísimo en forma de ele, que cerraba un espacio no muy amplio en el que se movía Rafalito dominando al personal desde la altura que le daba la tarima. En el testero del fondo, una estantería repleta de botellas de marca; el vino que se despachaba en vasos lo compraba a granel, en garrafas de excelentes bodegas de Montilla o Moriles. Las botellas de marca estaban reservadas para la gente de dinero.

Recuerdo la ocasión en la que invité a una copa a García, el padre, porque me había traído de Málaga y no quiso cobrarme el viaje. García era de gustos exquisitos y nada tacaño a la hora de satisfaces sus variados vicios. Como lo que estaba bebiendo no era un vino corriente, en son de aviso me dijo. “¿Tú sabes lo que has hecho?” La broma me costó un pico y, aunque me quedé sin un duro para pasar el domingo, mereció la pena.

La perla de sus negocios era el amplio salón que tenía sobre el bar y en el que se celebraron todos los acontecimientos sociales del pueblo durante veinticinco años: bailes, elecciones de reinas, convites de boda, reuniones familiares, homenajes... Antes de que en Málaga se pudiera ver la televisión, al pueblo nos llegaba la señal (eso sí, con intermitencias y frecuentes cortes) desde el repetidor de Guadalcanal en Sevilla. En aquellos primeros años de Televisión Española, casi nadie tenía aparato de televisión en su casa. Rafalito vio que en aquello había negocio, compró un televisor por 27.000 pesetas (que era lo que entonces valían tres fanegas y media de tierra), lo colocó en un testero del salón, puso sillas para los espectadores como si fuera un cine y, si querías ver las corridas de toros, los programas del sábado noche o el concurso de canciones de Eurovisión, tenías que tomarte algo o pagar una entrada.

Rafalito fue alcalde de Villanueva del Rosario desde el 17 de febrero de 1972, hasta el 19 de mayo de 1979, cuando comenzó su mandato Juan García Vegas, del Partido Socialista Obrero Español, el primer alcalde elegido democráticamente después de cuarenta años de dictadura. A Rafalito le había cedido la alcaldía el anterior alcalde Manuel Navas Díaz, tras un acuerdo al que llegaron las fuerzas políticas del momento en una reunión que se celebró en el edifico del reloj, pues todavía no se había construido la nueva casa consistorial.

Durante su mandato se hicieron numerosas obras, se adecentaron calles y plazas, se celebró la primera Feria del Emigrante, se construyó el ayuntamiento, se amplió el Grupo Escolar…Creo que fue el año 1974 cuando el pueblo ganó merecidamente un concurso provincial de embellecimiento, con flores y macetas en balcones, plazas y calles; eran otros tiempos, la gente colaboraba y los coches aún no habían invadido los espacios públicos.

Ejerció la función del alcalde como el que dirige su propia economía doméstica: vigilaba personalmente todos los trabajos y con tres administrativos, un maestro de obras y dos guardias municipales consiguió que la administración municipal funcionara sin demasiados fallos. Cuando en 1979 Rafael Navas dejó la alcaldía, en las arcas del ayuntamiento había un superávit de 200.000 pesetas.

Los componentes de la rondalla: Rafalito, Manolo González, Heliodoro y Enrique.

Enrique Vallejo, Heliodoro y Rafalito ensayando en el patio.

La banda de Música tocando en Colmenar. Rafalito es el de la trompeta.
Los otros músicos son, de izquierda a derecha 'El Moro', Juan Cano, Pepe Herrero, Cristóbal Palma, Antonio la Bigota, Juan Repiso... Detrás está el maestro Pelos con el bombo

Clientes del bar y Rafalito con su cigarro. Reconozco a Juan de la Isla que luego fue juez de paz, a un 'Catorzo', Eduardo, Antonio cuñado del Gamba

Esto es una clientela animada y con ganas de juerga.
En los bares no faltaba un botijo.


Manolo, el alcalde saliente, saluda a Rafalito, el nuevo alcalde. En medio está Paco el Gregorito.

Febrero de 1972: las fuerzas vivas que participaron en la 'transición' de la alcaldía.
De izquierda a derecha: Juanico de la Fabriquilla, Dionisio Cano, Diego Repiso, Enrique Navas, Rafalito del Peñón, Alejandro Nateras, el cabo, Manuel Navas, Francisco González, Rafael Navas, Juan Repiso, Manuel Vegas, mi hermano Manolo, Paco Molina, Higinio Repiso, Crstóbal Colón

El gobernador civil da un discurso en la plaza de la iglesia.

Inauguración de una calle en 1974

El gobernador civil charla con las chicas vestidas con el traje típico
durante la inauguración de un espacio reformado.

Cortando la cinta.

Aunque no lo parezca, lo que se ve es la calle Desengaño, el callejón sin salida, hoy tan deteriorado.

El presidente de la Diputación Francisco de la Torre, actual alcalde de Málaga,
recorre las calles inaugurando todo lo que se le pone delante.

Otro corte de cintas entre guardias, concejales, municipales, curas, vecinas, niñas
y Rafalito, el alcalde, con su vara de mando.
El presidente de la Diputación, que está entre el cura y el municipal es Francisco de la Torre, el alcalde de Málaga.

Entrega de premios en un curso para taladores.
Entre otros participantes están los mejores taladores de la comarca: Los Bartolos.

En la procesión.

Todos los participantes en el curso del PPO: Promoción Profesional Obrera.
No hay ni una mujer.

El alcalde, reina y damas en el salón de Rafalito hacia 1973

La presidencia de los toros en las fiestas de octubre de 1973

2 comentarios:

  1. Buenas tardes a todos los seguidores del blog. Recuerdo muy bien el bar de Rafalito Juliàn ,o pagabas la entrada con derecho a consumisión o no subías al salón de arriba ,como bien lo narras ,las primeras televisiones aquello era el bum, y los bares, pues se aprovechaban. Rodolfo es de mi edad ahora cuando he estado en el pueblo no lo he podido ver .Ya pronto los membrillos y las batatas se aproximan los santos y el frió claro esta .Un saludo desde Sabadell.

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  2. Que maravilla de relato bien "contao" me encantan las historias de antes , eran más interesantes y tenían.mucho jugo.
    Gracias por hacerme transportar a otro tiempos .

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