martes, 29 de julio de 2014

121. Saucipedia: Los Romanos

En la entrada número 120 del MURRE, formando parte de esta enciclopedia de cosas que hemos de conocer todos los saucedeños y a la que he llamado SAUCIPEDIA, daré algunos datos de la época romana en El Alto Valle del Guadalhorce. Es en este espacio geográfico en el que se incluye el término municipal de Villanueva del Rosario.
De la importancia que en los siglos II al VI tuvo en la Bética Romana este territorio, regado por el Guadalhorce y sus afluentes, dan fe los numerosos yacimientos de esa época que en él se encuentran.
Para ilustrar lo que se sabe de la presencia de los romanos en el pueblo, presento las fotografías de algunos de los objetos romanos rescatados y que forman parte de lo que en el futuro será nuestro Museo Arqueológico y Etnográfico.




ÉPOCA ROMANA

La llegada de los romanos a la Península Ibérica el año 218 antes de Cristo supone el comienzo de nuestra Historia. Hasta entonces, y durante más de un milenio, otros pueblos provenientes del Mediterráneo Oriental habían mantenido contactos comerciales y culturales con los antiguos pobladores, pero el influjo de estos colonizadores apenas se hizo notar, salvo en las zonas costeras del levante y sur peninsular. Así, en sucesivas oleadas, fenicios, griegos y cartagineses fundaron ciudades y factorías en la costa española del Mediterráneo: Adra, Malaka, Gades son algunas de estas primitivas colonias, todas ellas situadas en lugares estratégicos. Sólo los cartagineses extendieron su dominio político y militar por una extensa zona del interior del sudeste de la Península.

Fue precisamente el enfrentamiento entre cartagineses y romanos el que originaría las guerras púnicas y la llegada de las primeras legiones romanas. De los cartagineses han quedado numerosos vestigios, denominados turris hannibalis, situados en lugares altos y de fácil fortificación. En nuestro entorno son conocidos el Cerro de la Atalaya, cerca del Brosque, y el del Peñón de Solís, lugares estos donde hemos encontrado algunos restos que posiblemente se correspondan con instalaciones púnicas.

El dominio romano se extendió rápidamente por la Bética, la actual Andalucía, y los habitantes de sus ciudades y villas adoptaron pronto las formas de vida de los invasores. Paulatinamente nuestra región se va cubriendo de una extensa red de vías, calzadas y caminos que permiten el intercambio comercial y facilitan el dominio militar. Las principales ciudades hispanorromanas de nuestro entorno, de las que se tiene constancia documental y arqueológica, son entre otras: NESCANIA, en Valle de Abdalajís; SINGILIA BARBA, importante ciudad cerca del actual Cortijo del Castillón, a pocos kilómetros al norte de Antequera; OSQUA, cuya localización no está aún clara pero que muy bien pudiera corresponderse con el yacimiento existente cerca del Cortijo los Llanos, entre Villanueva del Trabuco y Archidona; ANTICARIA, en las proximidades de Antequera; ARATISPI, en el actual Cortijo de Cauche el Viejo.

En el Alto Valle del Guadalhorce, además de OSQUA, se ubicaba la ciudad de ULISI. Según los primeros estudios realizados a partir de inscripciones, esta ciudad estaría situada en las proximidades del Cortijo del Río. Hay quien, no obstante, defiende que ULISI se ubica en los alrededores del Peñón de Solís, entre los términos de Villanueva del Rosario y del Trabuco. Esa es nuestra opinión.

He aquí una larga cita de un artículo publicado por Junio Rústico el año 1983, titulado: “El Peñón de Solís: ubicación de la ciudad romana de Ulisi”.

"El año 1875 se encontró en las proximidades del Cortijo del Río una inscripción sepulcral romana, cuyo texto fue publicado por don Aureliano Sánchez Guerra, iniciándose las conjeturas sobre la situación de la ciudad y municipio romano de Ulisi, de la que procedía la piedra funeraria, pues en la misma se menciona al decurión Iunius Bárbarus expresando su condición étnica de 'ulisitano'. En años sucesivos aparecieron tres lápidas más, en una de las cuales se repetía el mismo étnico, circunstancia que enardeció aún más la curiosidad de los eruditos, tratando de localizar el poblado romano mencionado, que sin duda alguna existiría en parte no lejana del Cortijo del Río, aunque otros buscaron el emplazamiento en otros territorios, proponiendo lugares tan distantes como Adra o Lisboa. Fue Hübner el que acertó en su apreciación de que no podía estar muy lejos del Cortijo del Río o del Cortijo de Marialdana, donde fue encontrada una de las inscripciones. La misma teoría es defendida por Millán González Pardo".

El autor del artículo da su opinión sobre la localización de esta ciudad romana que, según sus conjeturas y a partir de una inspección superficial, debió de estar situada en los alrededores del Peñón.

"El despoblado del Peñón de Solís, hoy plantado de almendros, abunda en miles de trozos de cerámica, desde la común a la 'sigillata', acompañada de tégulas, asas, etc. En el lado oriental, un muro de factura ibérico‑romana se alarga hacia la loma, y en el lado oeste, disimulada por plantas bravías, se abre la salida de una enorme cloaca.
"El Peñón de Solís reúne las características propias de los asentamientos ibéricos: altura defendida naturalmente, cerca de un río al que domina, rodeada de tierras fértiles y de montes (Bellum Hispaniense), y de difícil acceso. Es un bastión, una fortaleza. Si, como parece ser, Aratispi fue un recinto de tipo defensivo, la atalaya del Peñón de Solís, en cuya meseta están los restos de Ulisi, es también un conjunto defensivo, avalado por su estratégica situación equidistante de Aratispi y de Baxo (Loja), formando parte seguramente de una secuencia de defensas fortificadas a lo largo de una posible vía romana Antikaria‑Iliberri (Granada)."

No hace mucho, en 1974, se dio a conocer un pedestal con la dedicatoria por parte de la respublica vlisitana a la emperatriz Iulia Domna, la esposa de Septimio Severo. La existencia de al menos una ciudad romana, y los numerosos vestigios que aparecen por doquier, dicen bien a las claras de la importancia que durante este periodo de la historia tuvo nuestro entorno.

En nuestro estudio de esta zona, el Alto Valle del Guadalhorce, que comprende parte de los términos de Antequera y de Archidona, y los de Villanueva del Rosario y del Trabuco, hemos constatado la existencia de más de cincuenta yacimientos que responden al tipo de vivienda de las villas rústicas (villae) y que florecieron a partir de mediados de la segunda centuria de nuestra era. Son frecuentes también los alfares y los recintos fortificados, de carácter militar, situados en promontorios y cerros para vigilar caminos y puntos estratégicos.
Esta época de esplendor se corresponde con el momento sociopolítico en el que se produce una ruralización de la vida romana, ya que numerosos propietarios huyeron de las ciudades para evitar las fuertes cargas impositivas y dedicarse a las explotaciones agrarias. La agricultura era el modus vivendi de estos hispanorromanos, y los productos básicos eran los cereales, la vid y el olivo, como lo atestiguan los lagares y molinos de los que quedan vestigios.
Según los indicios, y siguiendo los alineamientos de las villas encontradas, se insinúan varios caminos, vías o calzadas secundarias. Una iría desde el Puerto de las Fresnedas hasta el Puerto de los Alazores, bordeando la falda occidental de la sierra. Otro itinerario, casi paralelo al anterior, iría desde el Puerto de las Pedrizas hasta los llanos de Salinas, pasando por el Cortijo de la Higuera, el Tardón, Cerro Limón, Venta de José María, Cortijo del Río, Cortijo de los Llanos y Sartén Rota. Y, a nuestro juicio, existe otro camino romano que, partiendo de esta segunda vía y en dirección hacia Antequera, bordearía el Guadalhorce hasta los Chorrillos, pasaría por La Cuesta del Peo, Carboneras Bajas, El Moral, El Platero, Chaparral y la Cueva del Patús. Este camino enlazaría con el que desde Malaca iba hacia Anticaria pasando por Aratispis (Rastapen), entre el Cerro de las Amelgas y la Venta de la Yedra.
De todos los yacimientos, dejando aparte el interesantísimo del Peñón, el que a nuestro juicio presenta un mayor interés es el de la Cuesta del Peo. Debió de haber allí una villa romana de grandes dimensiones ya que los restos que se observan en superficie ocupan casi tres fanegas de tierra. La casa debió de tener un cierto lujo pues se ha detectado la presencia de un mosaico policromado que habla del refinamiento de los que la habitaron.
En un informe de fecha de 20 de diciembre de 1923, el por entonces Delegado Regio de Bellas Artes de Málaga D. Narciso Díaz de Escobar habla de la villa romana situada junto al río Cerezo, en las inmediaciones del molino harinero ‘Guiñarra’. En el libro de José Nateras y Diego Navas se hace un resumen de los datos de aquel informe.

Las excavaciones practicadas recientemente han dado por resultado la aparición de la base de dos habitaciones siendo sus dimensiones respectivamente seis metros por cinco y seis metros por tres. El pavimento de la primera forma distintos dibujos siendo el fondo del mismo un polígono estrellado constituido en trozos de piedra cuyos colores negro, blanco y rojo tienen cara de un centímetro cuadrado. En la misma habitación la solería forma también variados dibujos verdaderamente caprichosos, distinguiéndose dos parejas de peces cuyas cabezas presentan un tamaño excesivo que no corresponde al resto del cuerpo, teniendo los ojos formados por dos circunferencias concéntricas negras y rojas.

Hasta no hace mucho tiempo, en el borde del camino, había unos grandes sillares de piedra arenisca que procedían de este yacimiento. El objeto más interesante que se ha encontrado es una pequeña figura en bronce de una divinidad, Tyché de Antioquía, que en la actualidad se encuentra en el museo de Antequera.


Imagen en bronce de la diosa Tiché, encontrada cerca del pueblo.


Luis Baena del Alcázar, en un artículo publicado en la revista jábega, n° 36, habla de una escultura de la diosa Minerva procedente de algún lugar de nuestro pueblo.

Fue dada a conocer por Simeón Giménez Reyna con motivo del VIII Congreso Nacional de Arqueología celebrado en 1963 en Sevilla y Málaga y, en el mismo año, Antonio García y Bellido realizó una breve reseña de ella. Desde entonces hasta hace poco ha quedado olvidada esta bella escultura. Fue hallada, al parecer, en las proximidades de Villanueva del Rosario en fecha indeterminada. Su actual propietario, don Juan Muñoz Rojas, la adquirió en 1960 y la conserva en una finca de su propiedad. La pieza está labrada en mármol blanco, advirtiéndose una hermosa pátina amarilla, así como concreciones calizas distribuidas en algunos lugares de su superficie. Sus dimensiones son 44 centímetros de altura, incluyendo la base, y sin ella 39 centímetros, 20 de ancho, y un grosor de 11cdntímetros. La altura de la lechuza al pie de la imagen es de 8 centímetros.

Se encuentra fracturada por los tobillos; otra rotura afecta al brazo derecho, faltándole, además, la cabeza, la mano derecha, el brazo izquierdo desde el codo, y la parte superior de la lechuza.

El brazo derecho, levantado, parece indicar que sostenía una lanza. A los pies, y en el mismo lado, aparece el atributo de la divinidad, la lechuza, que mira hacia la izquierda... Parece ser que no poseyó carácter cultual sino simplemente ornamental.

La cronología de la Minerva de Villanueva del Rosario ha de establecerse según la disposición de los paños, un tanto barrocos, y atendiendo a las molduras que conforman la basa, lo que nos proporciona una datación cercana al principado de Adriano.


En resumen, además de estas esculturas y de otras piezas interesantes, en el Alto Guadalhorce, sobre todo al lado de ríos, en el borde de antiguos caminos o sobre enclaves estratégicos, existían numerosas villas romanas en cuyos alrededores es fácil encontrar todavía restos de dolias, olpes, tégulas, vidrios y objetos de todo tipo, pero el laboreo de las tierras y el no haberse realizado ningún estudio sistemático o excavación rigurosa han propiciado la casi total desaparición de estos enclaves arqueológicos.


Fragmento de pavimento de casa romana. Se encontró en la era que había junto al cortijo de Pérez.

Tensores de telares.

Fragmento de cerámica decorada.

Fragmentos de figuras humanas de terracota: barro cocido.

Fragmento y asas de lucernas, especie de candiles romanos.

Utensilios de bronce y plomada procedentes del yacimiento de la Cuesta del Peo.

Cerámica sigillata decorada.

Fusayolas, objetos empleados en los telares.

Algunas monedas romanas de distintas épocas.

Fragmento de mosaico procedente de la Cuesta del Peo.

Cuenta de collar, fragmento de lacrimarium, torso en barro cocido, plomada,
fragmento de recipiente de plomo, cerámica sigillata

Olpe, botija romana.


Tégula: teja procedente de los alrededores del Picacho.
En la parte superior se aprecia la huella de un pie sobre el barro blando.



Ara romana procedente de las inmediaciones del Cortijo del Río.

2 comentarios:

  1. De nuevo aquí ,cuanto valor histórico hay en esta gran colección ,hasta en esto nuestro pueblo es importante ,gracias a ti Paquito por esa capacidad que tienes de dedicar tanto tiempo,para que los demás podamos compartir ,estando tan lejos ,no tiene precio ,un fuerte abrazo.

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  2. Todos esos restos fotografiados, donde se encuentran?

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