domingo, 29 de marzo de 2015

164 Zahorí

Mi primo Juan Curiel es zahorí: tiene el don de averiguar en qué lugar bajo tierra hay un manantial de agua.







Para hablar de los zahoríes acudo al libro que publicamos Miguel Moreta y yo hace ya unos años.


Aunque los adelantos técnicos y los conocimientos geológicos permiten en la actualidad detectar con un mínimo margen de error la composición interna de la tierra y la presencia o no de bolsas de gas, agua o petróleo, todavía son muchas las personas que, antes de hacer una prospección en busca de agua, acuden a un zahorí para que este les indique el lugar exacto en el que deben cavar para hacer un pozo que dé agua. Y lo que es más curioso, estos zahoríes, que suelen ser campesinos sin apenas estudios, en la mayoría de los casos aciertan, no sólo con el lugar en el que se encuentra la veta de agua, sino también la profundidad a la que se halla y el caudal que tiene. Pero cualquiera no es zahorí.
El nombre zahorí procede de la raíz árabe zuhari, que significa ‘servidor del planeta Venus’, geomántico. Los zahoríes son personas, por lo general hombres, a los que se les atribuye la facultad de ver lo oculto, en especial manantiales, aunque sea debajo de la tierra, con ayuda de un péndulo o varita. Es creencia popular que solo los nacidos en viernes pueden tener esta facultad adivinatoria por estar bajo el signo de Venus.
Venus, la Afrodita griega, mantenía una estrecha relación con los ritos de fertilidad, tanto de la mujer como de la tierra. El agua que fertiliza los campos, según esta tradición, es un regalo de los cielos y, cuando escasea o está oculta, hay que realizar ritos propiciatorios (las rogativas) o acudir al mago que la hace brotar, como en el episodio bíblico en el que Moisés sacia la sed del pueblo judío en el desierto golpeando con su bastón en una roca.
La presencia del bastón, vara, cayado o cetro, es decir el ‘leño mágico’, simboliza la idea del poder divino, el ‘dedo de Dios’, un instrumento taumatúrgico. Una de las más viejas suertes adivinatorias era la rabdomancia, predicción que se basaba en una varita mágica, y también mediante algunas varillas que se lanzaban sobre una superficie y cuyas figuras se atribuía cierto significado; otras veces se sacaban al azar de una cajita, en cuyo caso cada varilla lleva inscrita un signo o letra con un significado concreto. Supervivencia domesticada de tal método adivinatorio puede ser la costumbre de sortear extrayendo por turnos palillos de los que uno solo es más corto que los demás.
A partir del siglo XV la varita fue utilizada por los rabdomantes para detectar vetas de minerales y, más tarde, capas subterráneas de agua. En 1674 el francés Le Moyer publicó un libro, La varilla mágica universal, en el que habla acerca de una varilla de rabdomancia con la que podía detectarse todo. Según instrucciones de la época medieval, para obtener una varita de virtudes debe cortarse una rama de avellano con un cuchillo nuevo, sin usar.
Cuando escribíamos este trabajo sobre los zahoríes tuvimos la ocasión de conocer a uno. Es mi primo Juan Curiel, que vive en Los Pirineos, no en aquellos que nos separan de Francia sino en un cortijo del Brosque que lleva ese nombre.
Juan nos explicó que la técnica la aprendió de un hombre mayor pero no todo el mundo puede usarla pues para ello se necesita estar dotado de una especial sensibilidad que sólo los zahoríes poseen y que es difícil de explicar. Además él había nacido en viernes.
Para buscar el agua, nos dijo, se coge una horquilla de una rama recién cortada de retama, membrillo o de cualquier arbusto, pero las que dan mejor resultado son las del avellano. Colocando los dos extremos a la altura de la cintura y cogiéndolos de una manera peculiar, se comienza a andar pausadamente, formando con la vara y el cuerpo un ángulo recto. Llega un momento, si es que hay agua bajo tierra, en que el extremo libre de la vara comienza a levantarse de forma involuntaria hasta colocarse perpendicularmente sobre el punto en el que se encuentra mayor caudal de agua. La profundidad a la que está el yacimiento se determina contando los pasos que se dan desde que se empieza a notar cómo la vara tiende a levantarse. Las aguas subterráneas suelen estar en las vaguadas, pero Juan ha encontrado pozos en lo alto de un cerro, desechando lugares en los que crecían junqueras que, para muchos, sigue siendo señal superficial de la presencia de aguas subterráneas.
Esta copla de la lírica popular nos habla de los poderes de estos magos de la adivinación.

Si yo fuera zahorí
calara los pensamientos,
supiera lo porvenir.

1 comentario:

  1. Hola paisanos he leído el comentario es curioso bonito don .Paquito este libro no lo tengo abría posibilidad de poderlo adquirir?.Yo lo voy a mirar por la editorial ya te diré algo. Paquito este primo Juan Curiel verdad que es por parte de tu madre ,mi abuela Pura era Curiel Gallardo.Un fuerte abrazo de este sauceeño de pura rasa.

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